Colón fue «local»: pese a la prohibición, fueron y alentaron
Varios se quedaron afuera porque pedían documento para vender las entradas generales y para entrar al estadio. Si figuraba domicilio en Santa Fe, se prohibía el ingreso. Pero hubo muchos que lo lograron.

“No nos quieren vender la entrada, porque nos piden documento y si ven que sos de Santa Fe no te la venden”, le comentaba a este enviado, un hincha rojinegro. No era el único, había varios. “Mirá, todos estos que ven acá, son hinchas de Colón”, decía, señalando a casi todos los que estaban desparramados por la calle Presbítero Grella, frente a la entrada principal. A todo esto, la orden para la policía y para los encargados de las puertas de acceso al estadio era muy clara: “Señores, ustedes son de Santa Fe, no se puede ingresar, no está permitida la hinchada visitante”, insistían. Pero algunos ya habían adquirido la entrada con anticipación. Se ve que en los días previos, no hubo tanta rigurosidad. O algo pasó, porque a la hora del inicio del partido, tanto en la tribuna que da a la calle Ayacucho (la chiquita que está detrás del arco que ocupó Burián en el primer tiempo) como en un costado de la tribuna más grande (la lateral que está enfrente de las plateas), había un grupo nutrido de hinchas que se dedicaron a alentar a Colón durante todo el partido. Y que se hicieron sentir mucho más que los de Patronato, porque, como se sabe, los integrantes de la barra más ruidosa del “Patrón” tienen la entrada prohibida desde fines del año pasado, luego de los incidentes ocurridos en aquél encuentro frente a Unión cuando fueron agredidos los integrantes de una escuelita de fútbol que había llegado desde el interior.

Se las ingeniaron para entrar y alentar. Al principio, hace un tiempo, se habló de que Patronato tenía previsto pedir que haya visitantes. Luego se pensó en la posibilidad de vender neutrales. Al final, hubo entradas generales y en eso se apoyaron los sabaleros para decir “presentes”. A ciencia cierta, uno no sabe si entraron todos los que fueron. Quizás algunos se quedaron con las ganas, pero los que entraron fueron muchos. Suficientes para hacerse sentir durante todo el partido y para que los gritos que se escucharan fueran de aliento a la visita.

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