Cristina habla poco, aparece poco en público, últimamente solo en las sesiones remotas del Senado. También interviene poco en sus redes sociales, acaso conciente del valor de sus palabras, y el de sus silencios. Y así como cuando hablaba mucho y frecuentemente los desvelaba, ahora los desvela con sus silencios, y los mismos que le pedían que se calle y la dibujaban con una mordaza en la boca, le piden que hable y se defina, pero sobre las cosas de las que quieren hablar ellos.
Ayer apareció y tuiteó pocas palabras, para recomendar esta nota de Alfredo Zaiat en Página 12 de ayer, sobre la élite empresarial argentina, y la convocatoria del gobierno nacional a la misma para colaborar en la reconstrucción del país post pandemia. Como Cristina dijo que la nota es «de lectura imprescindible para entender y no equivocarse», la nota de Zaiat es como si la hubiera escrito ella, y aconsejara hacer lo que allí se plantea.
¿Y qué dice Zaiat en la nota, y que plantea hacer?
* Que el presidente convoca a una tarea (la reconstrucción del país post pandemia en el marco de un modelo nacional de desarrollo) a un sujeto social (la cúpula de nuestro empresariado) al que no le interesan esos objetivos, porque son parte del problema, y no de las soluciones. Es decir, el peronismo chocando otra vez tozudamente contra el fantasma de la «burguesía nacional»,ese unicornio de sus desvelos, desde que existe.
* Que casi todos los integrantes del bloque de poder concentrado están cada vez más alejados del destino del mercado interno, operan en áreas monopólicas o con posiciones dominantes y están subordinados a la valorización financiera de sus excedentes, los cuales en gran parte son dolarizados y fugados. O sea, son beneficiarios directos de modelos que han fracasado en el país (como el de Macri), y que solo han servido para que ellos acrecienten sus negocios: solo entendiendo eso se puede entender su alineamiento incondicional con esos fracasos, una y otra vez.
* Que gran parte de los patrimonios de ese núcleo de empresarios poderosos está en el exterior, y su principal actividad se encuentra en servicios monopólicos o producción de materias primas exportables, por lo cual su propio destino queda escindido del general. De ello resulta que no solo padecen las crisis que nos aquejan al común de los mortales, sino que medran con ellas, y se vuelven más poderoso como consecuencia de sus estragos. Puntualiza que hay dos grandes `grupos empresarios (Techint y Clarín) que sobresalen en el liderazgo político de nuestro empresariado, y las instituciones en las que se nuclea.
* Que el grupo Techint se trasnacionalizó, y para tratar de preservar privilegios y cuotas de mercado de su producción de tubos con y sin costura exige protección para su actividad y, sin pudor, promueve apertura importadora para el resto. Opera en sectores con cuasirrentas monopólicas y millonarios subsidios fiscales. Y con décadas de fabulosas ganancias obtenidas en el mercado argentino, conseguidas por medidas públicas específicas para supuestamente inducirlo a un aumento de la inversión local y a entregar productos a precios competitivos al mercado doméstico, financió su expansión internacional.»
* Que para Techint el modelo desarrollista fue favorable en su evolución inicial, pero ahora ya no le resulta útil. Por eso despide trabajadores desafiando al presidente , y porque considera al salario un costo y no un factor dinámico del mercado interno. Por eso postula un modelo económico de tipo de cambio elevado, puesto que por esa vía reduce el costo salarial al tiempo que beneficia su salida exportadora.
* Que el Grupo Clarín se ha consolidado como un conglomerado de telecomunicaciones luego de conseguir desembarcar en Telecom gracias a la flexibilidad regulatoria dispuesta por el gobierno de Macri; operando en un mercado de servicios de fuertes rasgos monopólicos y busca frenar el ingreso de la competencia; utilizando su amplia red de medios (diarios, radios y televisión) para expandir y defender cada una de sus posesiones. Resiste el congelamiento de tarifas de los servicios que prestan sus empresas, está en controversias con el Estado por pagos millonarios por la frecuencia de Nextel y pretende mantener un espectro radioeléctrico mayor al que le corresponde; pero ha conseguido del presidente la definición de que no insistirá en una ley de medios, y nada indica que esté dispuesto a revisar la fusión de Telecom y Cablevisión.
* Que ambos grupos (Techint y Clarín) no son sólo la expresión de la derecha empresaria por ser antiperonista o por la obsesión patológica con CFK y la letra K: se han convertido en la conducción política de ese espacio ideológico, fundamentalmente, porque les resulta funcional para la defensa y la aspiración de continuar expandiendo su base material. Y cuando se dice conducción, esta involucra al resto del empresariado, y a la propia oposición política mayoritaria: esto no lo dice Zaiat sino nosotros, pero basta ver el comportamiento del PRO, la UCR y la Coalición Cívica desde el 2003 para acá, cada vez que se intentó avanzar con alguna iniciativa que afectara sus intereses.
Y seguimos agregando por nuestra parte: junto con el sueño fallido de encontrar una burguesía nacional o construirla (sueno que, como dijimos, es parte del peronismo fundacional), el gobierno de Alberto Fernández y el presidente en particular, creen posible introducir una cuña en la oposición, entre los «racionales» y los «gurkas». Pero el intento falla por la base: no hay diferencias allí ni en la base social de representación, ni en los intereses materiales, objetivos, concretos y poderosos, que vehiculizan en el sistema político institucional. Esos intereses son los que no consentirán que se divida la oferta y el voto opositor, y los que alimentan la estrategia «gurka».
* Finalmente termina Zaiat señalando que «La debacle económica y social por la covid-19 brinda una oportunidad excepcional para fortalecer el rol central del Estado en relación al mundo empresario y para el ordenamiento del funcionamiento de la economía.La pospademia en la economía y, en especial, la reconstrucción de una nueva normalidad económica, porque la anterior dominada por el bloque de poder tradicional probó ser un fiasco en términos de bienestar general, requerirá ampliar la base social de la alianza con el sector privado, incluyendo a pymes, cooperativas, emprendedores, firmas recuperadas, empresas de la economía popular. Para que los costos devastadores de la actual crisis no sean en vano, la política económica de la recuperación no puede quedar depositado en ganar la confianza de los empresarios del G-6.«.
Y ahora volvamos a Cristina: ¿quién, si no el gobierno, debe «entender» para «no equivocarse», y como lo garantizaría? Simplemente como se dijo hace una semana acá, volviendo al principio: a recostarse en la alianza con los sectores que construyeron el «Frente de Todos», esos que por ejemplo estuvieron ausentes el 9 de Julio en Olivos.

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