Que la pandemia afecta gravemente la economía es una verdad de perogrullo, que nadie puede ignorar. Tanto como que no se puede ignorar que es precisamente eso, una epidemia de alcance mundial que se propagaría velozmente si no te toman medidas adecuadas para impedirlo; como por ejemplo restringir actividades económicas determinadas, porque suponen contactos estrechos de personas que ayudarían a multiplicar los contagios.
Son cuestiones tan obvias que uno se siente medio pavote teniendo que recordarlas, pero lo real es que parece necesario hacerlo, si se repara en algunos comportamientos sociales en medio de la crisis, conforme esta se prolonga y activa angustias, desesperaciones y ansiedades, sobre todo por las perspectivas económicas. Reacciones que son comprensibles a condición de que no perdamos de vista de lo que estamos hablando: algo que pone en riesgo la vida de muchas personas.
Un aspecto que, a menos que uno sea un tarado absoluto como Bolsonaro, cualquier gobernante que se precie no puede dejar de tener en cuenta, no solo por lo valores que están en juego; sino porque si la cosa se saliera de control (como ha sucedido en muchos países) esa misma sociedad casquivana que hoy reclama aperturas y flexibilizaciones, el día de mañana les pediría cuentas por los contagios y las muertes.
Creemos no equivocarnos si decimos que esta idea está en la mente de todos los que tienen responsabilidades importantes de gestión hoy en la Argentina, empezando por Alberto Fernández y siguiendo por cada uno de los gobernadores, como pasa en Santa Fe con Perotti: a riesgo de sufrir lonjazos mediáticos por mantener ciertos criterios restrictivos a la hora de habilitar excepciones a la cuarentena, se mantienen firmes en lo suyo, y está bien. que así lo hagan.
El que administra sabe mejor y antes que nadie que tiene que manejarse con necesidades habitualmente crecientes y recursos frecuentemente escasos aun en tiempos de normalidad, ni hablemos con una pandemia global: no es necesario explicarle a ningún gobernador o intendente que mientras menos actividad económica haya, menos posibilidades hay de recaudar impuestos, y contar con recursos para hacer frente a las obligaciones esenciales del Estado, comenzando por los sueldos del personal.
Otra obviedad que es necesario destacar, porque uno lee y escucha a gente que supone que el presidente, el gobernador o los intendentes son tarados que no entienden éstas cuestiones, y restringen actividades de puro caprichosos nomás: ese absurdo conceptual va implícito en los pedidos de apertura que solo atienden la cuestión (ciertamente importante) del daño económico que causa la cuarentena, sin sopesar al mismo tiempo los riesgos que conlleva cierta «vuelta a la normalidad», sea lo que sea que eso signifique en un mundo al que el coronavirus ha puesto de cabeza.
La pandemia es un enorme desafío para la dirigencia política, en especial para aquella que tiene responsabilidades importantes de gestión, no solo porque está obligada demostrar que puede dar respuestas eficaces en tiempo oportuno, frente a desafíos nuevos, para los cuáles a veces no hay otro método que el sentido común, el ensayo sobre la base de la prueba y el error, y no hay manuales escritos para todos los dilemas que se deben resolver.
Y entre esos desafíos, uno de los más importantes es el de saber administrar correctamente las ansiedades sociales, y los roles de la dirigencia: siempre en política se trata de estar con un oído atento a las demandas sociales, pero sin perder de vista el panorama general, las consecuencias de las decisiones que se toman y el hecho de que la propia sociedad es múltiple y variada, y con intereses y aspiraciones contradictorias, que justamente el gobernante debe tratar de armonizar, hasta donde pueda.
Parafraseando el dicho de Perón, estos tiempos y hablando de la pandemia, son con los dirigentes a la cabeza, poniéndose por encima (no al costado, o ignorándolos) de las quejas, los reclamos, y sobre todo de las presiones que pueden nublar el juicio, hacer perder de vista todo lo que está en juego y terminar tomando decisiones equivocadas, de las que luego tengan que arrepentirse. Tuit relacionado:

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