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miércoles, octubre 28, 2020
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Un enfermito que debería pudrirse en la cárcel

Aberrante: chofer de un transporte especial condenado por abusar de una nena con retraso madurativo

La víctima le pudo contar a una compañera los vejámenes en un taller de educación sexual. Su familia había confiado en el acusado para que la llevara a distintos espacios terapéuticos, pero resultó un perverso. Ahora fue condenado en Rosario a 14 años de cárcel.

Un transportista escolar fue condenado esta semana en Rosario a 14 años de cárcel por abusar sexualmente de una nena menor de edad con retraso madurativo, a la que sometió reiteradamente durante dos años, en algunos casos en el mismo vehículo que utilizaba para trasladarla y delante de otros niños. La víctima le pudo contar a una compañera los vejámenes en un taller de educación sexual. Su familia había confiado en el acusado para que la llevara a distintos espacios terapéuticos, pero resultó un perverso.

En 2012 los padres de una nena de 12 años -se reserva su identidad pero a los fines de esta nota llamaremos con el nombre ficticio de Eli- decidió tratarla en distintos espacios terapéuticos (psicólogos, musicoterapia) para que pudiera socializar ante un trastorno madurativo que le habían detectado.

Como era muy chica y por su patología no podía razonar más allá de un niño de 8 años, pensaron que lo mejor era contratar un transporte escolar especial que la trasladara de un lado a otro con mayor seguridad, sin tantos riesgos.

Incluso lo tomaron como una rutina que le permitiría vincularse con otros niños de su misma edad, algunos de los cuales también tenían capacidades diferentes. Se volvió un gran desafío para toda la familia, y una estrategia para que Eli se conectara de manera feliz y con sus pares, con el mundo exterior.

El dueño del transporte era quien se encargaba de buscarla en su casa y la llevaba a las actividades. Pero en 2015 el titular de la empresa incorporó a un chofer. Un hombre que aparentó tener los valores para afrontar ese trabajo tan particular que significa el trato con niños.

Oriundo de la provincia de Chaco, contó que tenía familia e hijos. Entonces, los padres de la nena se recostaron en ese hombre, creyeron que estaban dadas las condiciones para entregarle a su hija cada día. Pero no fue así. En realidad era un pervertido.

La clase de biología

En noviembre de 2017, la niña comenzó a tener episodios de ansiedad que llamaron la atención de sus maestros en la escuela. La notaron demasiado inquieta. En los recreos ingería alimentos por demás, no tenía freno. Una luz de alerta que se volvió un rojo intenso unos días más tarde. Es paradójico, pero todo se reveló en un taller de educación sexual con la profesora de biología.

En esa circunstancia, con extrema inocencia y naturalidad, Eli le contó a una compañera de grado “que le practicaba sexo oral a alguien”. La docente se alarmó y advirtió que para la edad, había empleado un vocabulario repleto de giros, que no eran compatibles con su retraso madurativo. De inmediato tomó cartas en el asunto y le notificó a sus superiores. Los directivos de la institución convocaron a la mamá y le contaron la gravísima situación.

La niña comenzó a tener episodios de ansiedad que llamaron la atención de sus maestros en la escuela

La trama se develó a partir de un abordaje integral de las conversaciones que la nena mantenía con los profesionales que la trataban por su patología y la ayudaban en su camino de integración social. Con las señales unívocas que dio esos ámbitos, se conectaron indicios que dieron cuenta de los abusos.

Así se reconstruye una historia aberrante. A poco tiempo, la niña señaló como agresor al chofer del transporte especial en el que la familia había depositado su confianza. La investigación del caso quedó en manos de los fiscales Ramiro González Raggio y Diego Meinero, de la Unidad de Delitos Contra la Integridad Sexual del Ministerio Público de la Acusación (MPA) de la Regional Rosario.

El hombre fue detenido y el 30 de octubre de 2018 lo acusaron del delito de abuso sexual con acceso carnal agravado.

El hombre fue detenido y el 30 de octubre de 2018 lo acusaron del delito de abuso sexual con acceso carnal agravado.

A partir de sumar evidencias, prueba científica, y fundamentalmente el relato de la víctima en Cámara Gesell, los funcionarios ordenaron la detención del conductor, identificado como Carlos Ariel G., de 43 años. El 30 de octubre de 2018 lo acusaron del delito de abuso sexual con acceso carnal agravado por ser el encargado de la guarda (artículo 119 del Código Penal), que contempla una escala penal de 8 a 20 años de prisión. Y solicitaron 14 años de cárcel.

Bajo esa figura, el chofer llegó a un juicio oral y público que comenzó el 5 de agosto. El trámite estuvo presidido por el Tribunal conformado por los jueces Paula Álvarez, Hebe Marcogliese e Ismael Manfrín. Durante el debate, los fiscales expusieron una batería de pruebas y 13 testigos. Reflejaron que el propio dueño del transporte declaró que él y otra persona (el acusado) eran los únicos que tenían contacto con Eli.

Y describieron que cuando le preguntaron a la víctima en su declaración en Cámara Gesell cuántas veces habían ocurrido los abusos, contestó “mil”. Y si había bailado con el hombre, refirió “20 mil veces”. Aunque por su cuadro mental no tenía registro cabal de los hechos, esa manifestación tuvo un peso demoledor durante el juicio. Los vejámenes fueron reiterados.

La víctima le pudo contar a una compañera los vejámenes en un taller de educación sexual.

Los testimonios que se denominan de contexto también fueron inapelables y corroboraron que los abusos ocurrieron entre 2016 y 2017, y en algunos casos frente a otros chicos con capacidades diferentes. Del cotejo de la sangre del acusado con los análisis biológicos de muestras de material genético extraído de las prendas de la nena, se confirmó que el ADN era compatible en un 99.9 por ciento.

Ante los jueces, la defensa, el acusado y los fiscales, una psicóloga que asiste a la víctima, hoy de 18 años, explicó que las secuelas emocionales que sufre son perdurables. Describió situaciones terribles, con traumas que la llevan a revivir los abusos, activaciones de las emociones y un sufrimiento real.

Ese elemento, con el que no contaban los fiscales al momento de la acusación por el lógico transcurso del tiempo, lo recogieron en pleno debate. Por eso interpretaron que el daño fue mucho mayor al estimado en un principio (se configura penalmente como extensión del daño). Con ese sustento jurídico modificaron el pedido de pena original, y solicitaron 19 años de cárcel para el chofer.

“Lo que volcó la profesional en el juicio permitió tener una idea más profunda de los daños permanentes, por eso ampliamos el monto de la pena. Lo hicimos con un basamento jurídico, porque el Código Penal lo permite si se logran probar nuevas circunstancias”, indicaron a Aire Digital desde la Fiscalía.

Ese giro en el aumento de la pena tenía sentido. “La víctima necesita ver que el abusador está preso para mitigar la angustia y los tremendos daños que le ocasionó. A mayor pena más protección para ella y su familia. Este caso es realmente un drama, una desgracia. Este hombre fue uno de las primeras con las cuales la niña comenzó a abrirse al mundo y fue abusada”, evaluaron desde el MPA.

 

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