Sobre el brote «libertario» de algunos empresarios argentos que llaman a no pagar impuestos, leemos en Diario Bae: «La convocatoria es clara: “A partir del 1 de abril, suspendamos por 90 días la presentación y pago de los Impuestos más regresivos que tenemos: Impuesto a las Ganancias, IVA e Ingresos Brutos. Suspendamos por 90 días el pago de autónomos y monotributo. Sí, todos juntos nos sumamos a 90 días de abstinencia fiscal, el Estado sentirá el poder generador de nuestro aporte”.
 
La amenaza es concreta: “En esta crisis terrible y sin precedentes, un esperanzador brote de rebelión se está caldeando. Una suerte de indicios hace pensar que de esta catástrofe va a surgir el fósforo que finalmente prenda la mecha de una bomba que debería haber explotado hace mucho tiempo”. Escondidos tras el anonimato señalan: “Hoy los nombres no tienen importancia. Podría ser cualquiera de los millones de argentinos que emprendemos, arriesgamos, invertimos, contratamos gente, trabajamos sin jornada, sin permitirnos licencias; dependiendo mes a mes de nuestro esfuerzo e ingenio, sin ninguna certeza de ganancia cierta. 
 
Podría ser otro más de los que está cansado de ver a su socio mayoritario y bobo, el Fisco, llevarse la mayor tajada sin hacer nada. Sin hacer nada excepto obstruir, impedir y complicar”.» (las negritas son nuestras)
Es muy posible que en tiempos en los que los libertarados se propagan con más velocidad que el coronavirus a partir de la prédica de personajes risibles como Milei, Espert o Boggiano, este tipo de cosas sean tomadas como un consumo irónico en las redes sociales, lo cual es ciertamente un error: hay que tomarlas muy en serio; tan en serio como se debe tomar a un delito, y a quien lo está cometiendo.
Porque en efecto de acuerdo a la Ley 24769 la evasión simple (artículo 1°) lo es, al igual que la evasión agravada (artículo 2° de la misma ley), sea por el monto o por otro tipo de circunstancias, como -por ejemplo-  si el obligado utilizare fraudulentamente exenciones, desgravaciones, diferimientos, liberaciones, reducciones o cualquier otro tipo de beneficios fiscales.
Como pagarles los sueldos a sus empleados con los fondos que estrá transfiriendo ANSES en medio de la pandemia, pudiendo hacerlo con recursos propios, por ejemplo. O emitiendo facturas truchas, algo que a lo que muchos de nuestros empresarios son bastante adeptos. La mismas figuras de la evasión simple y agravada contemplan los artículos 7 y 8 de la ley penal tributaria antes citada, para la evasión de los aportes debidos a la seguridad social.
Y si uno llama a cometer un delito está cometiendo a su vez otro delito, como es el de instigación (artículo 209 del Código Penal), con pena de prisión de dos a seis años. Y si ensalza públicamente un delito como algo digno de elogio (o sea, la evasión como un acto de resistencia a la opresión, o algo por el estilo) también comete delito: apología del delito, para ser más precisos; reprimido por el artículo 213 del Código con prisión de un mes a un año.
Estos recurrentes llamados a la «rebelión fiscal» de nuestros autodenominados «liberales» (en realidad, conservadores que se niegan a pagar impuestos) jamás serían admitidos en los países que ellos mismos toman como «serios», y a los cuales nos piden parecernos. Suecia, por ejemplo, que de golpe les gusta porque Alberto lo usó de ejemplo de mal manejo de la pandemia.
Ellos son dueños de llamar como quieran a su pretensión -socialmente más repudiable aun en las actuales circunstancias- de no pagar impuestos, que seguramente en muchos casos no será más que la exteriorización de lo que vienen haciendo hace años: pueden incluso querer convertirlo en una cruzada de resistencia contra el «ogro filantrópico» del que habla Vargas Llosa.
Está en el Estado (es decir, en el gobierno) que no les salga gratis. No debe ser tan difícil denunciarlos en la justicia para que ésta investigue y tire de los hilos hasta dar con los verdaderos promotores de la movida. Es cuestión de animarse nomás, como no se animaron ellos a poner sus nombres, porque saben perfectamente lo que están haciendo.

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