Quizás el vértigo propio de los tiempos presentes impida que podamos apreciar ahora, en su justa dimensión, la enorme contribución que está haciendo el juez Ramos Padilla a la consolidación de la democracia argentina; echando luz sobre la oscuridad de cloacas profundas del aparato estatal, de los medios, del poder económico y de los factores externos que tienen injerencia cada vez más desembozada en nuestros asuntos internos. Y cuando a las cloacas se les levanta la tapa, lo que sale es mucho olor a podredumbre acumulada por años.
Con los cojones que no tuvieron Nisman par defender su absurda denuncia en el Congreso, ni Stornelli para presentarse a declarar en Dolores, es evidente que el juez hace lo que hace y del modo que lo hace, porque tiene la casi plena certeza que la corporación judicial está maniobrando para sacarle la causa de sus manos, y garantizar la impunidad de los mafiosos implicados, empezando por Stornelli. Y también porque haciendo público lo que muchos están desesperados por mantener encapsulado en un expediente judicial a tramitarse en los despachos “amigos” de Comodoro Py, se está protegiendo a sí mismo, su seguridad y hasta la de su familia. 
Ramos Padilla no dijo nada nuevo o que no se supiera, pero que ahora adquiere contornos dramáticos revelado públicamente por un juez, en el Congreso de la nación, y con registros fílmicos que quedan como testimonio para cuando se escriba la historia de estos tiempos. Les puso nombres, apellidos, circunstancias de modo, tiempo y lugar, relaciones, hilos y vínculos a ese Estado o para-Estado en las catacumbas que siempre ha existido, pero que desde diciembre del 2015 y con el gobierno de Macri constituye el núcleo central del plan político oficial, al servicio del cual pusieron todo el peso de instituciones que prostituyeron, o terminaron de prostituir: la justicia, los servicios de inteligencia, los vínculos con embajadas extranjeras, el poder mediático concentrado.
Cuando se escriba la historia, dijimos. Cuando se escriba la historia de estos tiempos tenebrosos, no habrá archivos de nada de lo que Ramos Padilla contó ayer en los medios que callaron, con un silencio estruendoso y espeso, tan espeso como el burdo intento de blindar mediáticamente la realidad: si el periodismo es -dicen- la primera versión de la historia, el periodismo hegemónico de estos tiempos es el primer paso hacia su falsificación, para ocultamiento de la verdad en tiempo presente, y de cara a las generaciones futuras. Pero ya no les resultará tan fácil, porque la contundencia de la investigación del juez (y la torpeza de los titiriteros, como no) develó la trama, los hilos, los personajes, los blancos, las víctimas: todo  está allí, expuesto para el que lo quiera ver. 
Disgresión al margen, sobre el mismo tema: si bien el “apagón digital” de ayer a la tarde en distintas plataformas y redes sociales pudo ser un fenómeno mundial, no hay que descartar que este gobierno apele a todo tipo de herramientas para tratar de impedir que la verdad se filtre; por algo han adquirido el sistema “Pegassus”, y no parece gente con escrúpulos morales a la hora de utilizar ese tipo de herramientas.
En esas condiciones, y como resultado de innumerables maniobras delictivas que describió Ramos Padilla en su relato, hay gente presa, patrimonios embargados, empresas en riesgo de cambiar de manos; y en esa condiciones el gobierno quiere aplicar por decreto y sin condena firme, la “extinción de dominio” para los acusados de presuntos hechos de corrupción: la semejanza con la “Junta de Recuperación Patrimonial” de la Fusiladora, o con la CONAREPA de la última dictadura es así absoluta, total.
Las revelaciones de Ramos Padilla son un puñetazo en la cara del cinismo de los “real politikers” que se reían de las visiones presuntamente conspirativas que enfatizaban sobre la importancia de factores como los medios, la embajada, los servicios de inteligencia o las estrategias de “law fare” en la disputa política. Tanto que en esas cloacas puestas a la luz aparecen como siempre se supuso que eran personajes tenebrosos como Carrió y su corte de bufones, que han construido toda una carrera política a base la infamia y el tráfico de pescado podrido; personajes que “defienden la república”, degradando a la democracia: como decía ayer Agustín Rossi, ella y Olivetto deberían ser serparadas por sus cargos por inhabilidad moral, con mucha más justicia que Julio De Vido.
Tanto influyen estas cuestiones en nuestras disputas políticas (aunque se lo quiera minimizar) que ayer el oficialismo estuvo ausente por completo, porque saben sus miembros que están enterrados hasta el cuello en la mierda, que a falta de resultados de gestión la han usado hasta el cansancio como recurso político casi excluyente, y porque no puede sostener ningún debate público de nada que no sea la agenda armada para distraer la atención de las penurias cotidianas. Incluso la misma “cruzada contra la corrupción” se les ha vuelto en contra, y quedaron enmerdados por completo: no sería de extrañar que entre los fans de “la ley del arrepentido”, haya algún arrepentido que busque salvar su propio cuello, enterrando a los demás. 
Como tampoco estuvo ningún representante del “peronismo perdonable” en cualquiera de sus versiones, desde Massa a Pichetto, pasando por Urtubey: todo un síntoma de que su acompañamiento casi acrítico al gobierno hasta no hace mucho tiempo tiene tanto de convicciones ideológicas en común, como de miedo a los carpetazos que dispensa la máquina de emporcar biografías. Y común acuerdo ambos (oficialismo y oposición oficialista) se negaron a recibir al juez en la Bicameral de control de los servicios de inteligencia, que es lo que hubiers correspondido.

En esas condiciones, se agiganta cada día más la figura de Cristina; porque como hemos dicho muchas veces, en la grave situación actual son más necesarios que nunca candidatos a prueba de aprietes y carpetazos, y porque fue la única que se les animó a esas cloacas, por eso la quieren correr y amedrentar.
Hasta acá teníamos en claro que para la reparación económica y social de los daños inmensos que está causando este gobierno no hay otro camino que un cambio de gobierno, porque es imposible que existan rectificaciones dentro del mismo proceso: no están dadas las condiciones, ni existe la voluntad. Ahora tenemos también la certeza de que para lograr el saneamiento institucional, la recuperación de la democracia y el Estado de derecho, es necesario que vuelva el “populismo”, y desalojar del poder por las urnas a los “republicanos”.
Hace unos días atrás decíamos acá: “Si la prioridad (como en el 2003) es reconstruir el país en su tejido social y productivo, junto con la capacidad arbitral del Estado y la autoridad presidencial, no es menos cierto que el próximo gobierno tendrá la inmensa tarea de restablecer en el país la plena vigencia del estado de derecho, un desafío al cual ningún gobierno se vio enfrentado desde 1983. Y también de ajustar las cuentas (con todas las herramientas que ese mismo estado de derecho pone a disposición a esos fines) en el futuro con este presente de oprobio y sus perpetradores políticos, judiciales y mediáticos;porque de lo contrario subsistirán bolsones de privilegio y anti democracia que pondrán en jaque no solo a ese gobierno futuro, sino a la democracia misma.“. La exposición de Ramos Padilla en el Congreso le da dramática actualidad a lo dicho.

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