Las fiestas generalmente han sido traumáticas para mi desde niño. Mis viejos con la heladería prácticamente trabajaban todo el día. Era comer algo rápido, y los regalos que a las apuradas mis viejos compraban para el árbol de navidad.

La cosa cambió cuándo tuve hijos pero mis tempranas separaciones empezó el suplicio de acordar las fechas con mis ex.

La culpa y llenarlos de regalos. Empezaron a crecer. Opté varias veces por ir hacer el trasnoche en vivo a la radio. Ahora añoro estar con mis hijos.

Hoy me toca estar solo, desempleado y pobre. Veo la tele, salen de compras, la comida, los regalos, etc. Me deprimo mucho. Recuerdo sus caritas de sorpresa, del vittel tone o palmitos obligatorios en la mesa. Hoy me es imposible.

Mi familia hecha mierda, mi madre enferma, intolerante, hiriente. La entiendo, sufre mucho. Lo pasa sola, mis hermanos a los que amo, cada uno con sus respectivas familias.

Me avisan mis hijos mayores que me invitan a pasarlos con la familia de su mamá que ya no está. Ese dolor. Esos recuerdos. Igual me pone bien estar con Quelita, Rodrigo, Esteffa, sus hijos. Más Sacha y Lucas, mis principitos grandulones ya.

Son estos tiempos. Cuándo lleguen las 12, saludaré pero interiormente pensaré en lo que ya no están, sea porque murieron o porque se alejaron u aleje para siempre.

 

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