DISPUTAS

Con los actos de ayer se cerró la polémica, por si alguna duda quedaba: el peronismo «había perdido una calle» que, en pandemia, no estaba en disputa. Cuando quiso marchar, marchó, incluso cuando la celebración oficial era virtual. Y también ganó las redes, un territorio que se supone le es hostil, y más propicio a la «nueva derecha moderna y democrática».

Desde sus mismos orígenes, hace ya 75 años, el peronismo movilizó a la gente a las calles, a los propios y a los ajenos. De hecho los ajenos -que por años despreciaron las movilizaciones callejeras por considerarlas muestras de clientelismo y alienación política- se movilizan, en contra del peronismo, más que nada: hasta la ronda de actos del «sí se puede, lo damos vuelta» post PASO del 2019, no hay registros de movilizaciones callejeras del antiperonismo en defensa o apoyo de «su» gobierno (el de Macri),como sí las había habido antes del 2015 contra el gobierno de Cristina, y como las hay ahora, en contra del de Alberto.

Todo un dato central de las identidades políticas centrales de la Argentina: mientras el peronismo se constituye desde sí y para sí, el antiperonismo es ya, desde su propia denominación, algo que solo puede existir para oponérsele; y está condenado así a no tener existencia propia, y a subirse a cualquier encarnadura política ocasional (la UCR en su momento, el PRO ahora) que pueda ser capaz de competir contra el peronismo y eventualmente ganarle.

De allí que no extrañe la diferencia de escenografías y semblantes en las manifestaciones de uno y otro lado: ayer nadie exhibió rostros ceñudos, ni consignas contra nada ni nadie, ni patíbulos improvisados pidiendo ahorcamientos, ni juramentos de venganza. Hubo en cambio mucha gente que decidió expresarle su apoyo al gobierno, más allá de los motivos concretos que éste le de o no para que lo haga: como en 1945, hay una clara conciencia que sin el peronismo en el gobierno no estarán mejor, sino todo lo contrario.

A 75 años de aquel 17 histórico, el peronismo sigue siendo el hecho central y ordenador de la política argentina, le pese a quien le pese. Allí radican al mismo tiempo la potencia de su vigencia, y la inmensa responsabilidad para sus dirigentes de estar a la altura de su justificación histórica, para la cual pervive: la grandeza de la patria y la felicidad del pueblo, nada menos. Y por eso la disputa no es por la calle, ni con nuestros adversarios históricos, aunque ciertamente ellos no nos dan respiro: el combate real es por el peronismo, desde adentro y desde afuera.

Esta misma semana Macri (en su reaparición mediática) incurrió en el viejo vicio gorila de intentar moldear un peronismo a su medida y conveniencia, cuando afirmó que hace 10 años que el PJ está «secuestrado» (que metáfora, che, hablando del peronismo) por el kirchnerismo. E insólitamente (o no tanto) hubo peronistas que decidieron poner manos a la obra y «rescatarlo»: que si no eso fue el bizarro acto del grupo Mausoleo, los portadores del «peronómetro», en el monumento a Perón inaugurado por el propio Macri; el día que Perón estaba preso porque aun no había sido liberado por la movilización popular: una cadena de fallidos que merece ser explicada por algún psicólogo.

Pero así como desde afuera del peronismo lo quieren tunear, desde adentro, esta misma semana, hubo un par de llamados a «ensanchar el Frente de Todos», con el indisimulado propósito de hacer entrar a «los peronismos» desprendidos de los bordes blandos del macrismo en descomposición, a los cuales Macri responsabilizó del presunto fracaso de un diálogo político que nunca intentó; circunstancia que no le impidió contar durante su gobierno con una oposición «colaborativa» -por decir algo-, ni tener un candidato a vicepresidente peronista, en su intento de reelección. Tras los latigazos de Macri, más de uno está pensando en salir con la ambulancia a recoger a los heridos como Frigerio o Monzó, y por que no Massot y algún otro.

Hace tres años atrás, en los tiempos en los que muchos pensaban (de adentro y afuera del peronismo) que había macrismo para rato, decíamos acá: «Sin embargo a la hora de conducir las disidencias y las disputas, entre los apresurados y los retardatarios, entre «los que tiran desde la izquierda y los que tiran desde la derecha», Perón no dudó nunca en una cosa: el rumbo, la dirección; con la proa del barco siempre puesta hacia la construcción de un país más justo, que contuviera a todos sus habitantes reconociéndoles dignidad y derechos, que fuera a su vez autónomo y digno de respeto en el mundo, que se integrara a los pueblos hermanos del continente, que controlar los resortes claves de su estructura económica. Que fuera en suma, una nación, y no una granja colonial. »

«Aquéllos que vio en los lejanos 40′ lo seguía sosteniendo cuando se fue de este mundo planteando su «Modelo Argentino para el Proyecto Nacional», y sigue teniendo vigencia hoy como meta y justificación histórica de la existencia del peronismo; y aquello en lo que finca la identificación de millones de argentinos con el movimiento político que Perón creara, hace más de 70 años. »

«La astucia del régimen -que nunca renunció al imperativo de hacer desaparecer al peronismo, ni lo hará- le permitió comprender que lo que no pudo quebrar era más útil si se lo intentaba asimilar. Lo que denota la trascendencia política que tiene hacia el conjunto de la sociedad argentina la disputa al interior del peronismo, y allí que siempre sea este movimiento el campo de ensayo de todos los intentos de seducción, cooptación y divisionismo; muchas veces facilitados desde adentro.»

«Con los errores y las limitaciones propias de toda experiencia política en tanto experiencia humana, el kirchnerismo volvió a colocar al peronismo en el rumbo de sus mejores tradiciones históricas, aquéllas que remiten a sus propósitos fundacionales y a su justificación ante la historia: no hubo en ese sentido después de los del propio Perón en la concreta experiencia histórica argentina, gobiernos más peronistas que los de Néstor y Cristina.

Algo que por supuesto y por obvias razones eligen cuidadosamente olvidar -o peor aun, discutir-  los que hablan de «la renovación del peronismo», y se ofrecen a construir el «post kirchnerismo»; o a «erradicar» del peronismo el «virus kirchnerista», para que supuestamente vuelva a ser «el peronismo de Perón». Un esfuerzo en el que la línea entre lo que pueden ser genuinos ensayos de «autocrítica» y revisión de los errores que se cometieron (la mayoría de las veces, los que cometieron otros) y los intentos más o menos desembozados de volver a uncir al peronismo como buey del carro neoliberal, es cada día más delgada. Tanto que ya casi no se la puede distinguir.»

«La disyuntiva entonces es muy clara, tan claro como Perón tuvo siempre el rumbo de su movimiento: o vamos hacia un peronismo que se proponga como alternativa política de ruptura y salida del nuevo experimento oligárquico en acelerada construcción, o marchamos otra vez a un peronismo que aporte todo su peso político y simbólico a la consolidación del régimen; y busque su lugar al sol dentro de él.». Tuits relacionados:

Comentarios Facebook