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martes, febrero 25, 2020
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Sacaron empleados de Carrera para poner dirigentes del PRO.

“Macri desplazó a 41 mil empleados del Estado pero multiplicó la línea dirigencial»
Doctora en Ciencias  Sociales e investigadora del CONICET revela que los empleados públicos cuentan que durante la gestión de Cambiemos «el nivel de maltrato fue enorme». Señala que «por suerte, con estos cuatro años quedó saldado el debate de que era bueno administrar el Estado como una empresa» y asegura que la elite política que llega con Alberto Fernández es «plebeya» gracias al peronismo y a la universidad pública.
Imagen: Solange Avena

Durante los años del macrismo, Ana Castellani estudió y analizó, entre otras cosas, cómo la élite económica se acomodó en el Estado y quedó a ambos lados del mostrador. Doctora en Ciencias Sociales, directora del Centro de Innovación de los Trabajadores (Umet-Conicet) y coordinadora junto a Paula Canelo del Observatorio de las elites, ocupa ahora un despacho en un edificio en el que funcionaba el ministerio de Modernización: es secretaria de Gestión y Empleo Público y depende de la Jefatura de Gabinete. Desde ellí se dispone a pensar mejoras para el Estado desde adentro. “Creían que era bueno que el sector privado administre lo público, pero es un error garrafal. Confundir el Estado con una empresa es un error de concepto. Por suerte con estos cuatro años ese debate queda saldado”, señala. Apunta que con Alberto Fernández la elite política es “plebeya” y que eso es posible en la Argentina grancias a la universidad pública. Habla del trabajo de familiares de funcionarios en el Estado, de la distirbución de por género y de los conflictos de intereses. Revela Cambiemos desplazó a 41 mil trabajadores del Estado pero multiplicó la línea dirigencial. “La gente remite maltratos en la sociabilidad elemental, no saludar, no mirar a los ojos, tratar a los empleados como la servidumbre de las casas de las élites”.

–¿Cuáles son los principales cambios que quieren introducir en la concepción del Estado?

–El macrismo concibió al Estado como un lugar de ineficiencia, cooptado por la militancia, con nada para rescatar. Se le debía dar la impronta de la productividad y la eficiencia que solamente existe, en esta mirada, en el sector privado. Hubo un desconocimiento de las importantísimas capacidades estatales que hay en la administración pública y que son claves para que las políticas públicas funcionen. Se contrataron consultoras privadas para hacer la racionalización de las plantas y establecer la dotación óptima de cada una de las reparticiones. Tenían la misma planilla de análisis de dotaciones a todas las reparticiones. Y pasaron cosas ridículas como ir a la Comisión Nacional de Energía Atómica con el mismo cuestionario que en la Superintendencia de Seguros. Y preguntaban por qué necesitan que los técnicos que revisan los reactores estén rotando cada x tiempo.

–Quedó plasmado en esa frase de la grasa militante.

–Precisamente. La grasa es algo que uno siempre quiere deshacerse, además no solamente es despectivo sino que tiene algo insalubre, algo de vulgar. Hubo dos grandes objetivos de Cambiemos en el área de la modernización. Uno fue la tecnologización del Estado, la puesta en marcha del expediente electrónico. Hay muchísimas cuestiones para revisar en términos de conflicto de intereses en esas licitaciones pero, a pesar de los malos manejos, implicó mejoras en los procesos de la administración pública. Nadie piensa volver al papel. Pero donde Cambiemos ha sido mucho más transformador negativamente es en materia del empleo público, porque se llegó a una concepción del empleado público como un ventajero que no quiere trabajar, sin ninguna capacidad. Yo diría que es sociológicamente de clase porque acá la gente remite maltratos en la sociabilidad elemental, no saludar, no mirar a los ojos, tratar a los empleados como la servidumbre de las casas de las élites. El nivel de maltrato ha sido enorme y el temor ha sido muy fuerte.

–¿Cuántas personas fueron desplazadas?

–41 mil personas fueron desplazadas de la función pública a nivel nacional. La mayoría eran designaciones transitorias pero también muchos concursados fueron desplazados. No estamos contando los ingresos que se produjeron hasta el 2018, fundamentalmente en lo que se llama la raviolera o la cúpula de la función pública. Hay dos grandes tipos de empleados: la línea, que son los empleados de la carrera administrativa sin función ejecutiva y la conducción política, que entra y sale con el gobierno. Y hay un colchón en el medio que es la alta dirección pública, los directores o coordinadores, que son las figuras que en el macrismo más crecieron. O sea, mientras se iba llevando adelante la racionalización de la planta estatal se iba multiplicando, hasta un 50 por ciento la línea dirigencial. Nosotros vamos a revisar las designaciones de los últimos tres años y los concursos de los últimos dos y los que están en curso. Ingresaron muchos en cargos altos por excepción. Lo que se revisa es la función y la idoneidad. Se inventaban coordinaciones, la coordinación de la coordinación coordinada. Cada uno de esos cargos de dirección son equivalentes a cinco de los que habían despedido. Muchos despidos tuvieron que ver también con la supresión de programas. Si hay programas que dejan de funcionar, esa gente se queda sin funciones. Por eso mucha gente también renunció. El problema no era venir a trabajar, sino venir y no tener ninguna función que cumplir. Hay un común denominador: una sensación de maltrato y de sospecha permanente. O sea, se controlaban las redes sociales y en función de eso se tomaban decisiones sobre si continuaban o no algunas personas.

–¿Cuáles fueron las primeras medidas que tomaron ustedes?

–Poner en suspenso el decreto que sancionó a Macri a fines de noviembre, con el que se generaba un régimen diferencial para la alta dirección pública, para los directores y coordinadores, que eran precisamente lo que más se había abultado en los dos primeros años de la gestión de Cambiemos. Eso generaba beneficios discrecionales en comparación con los que tiene el Sistema Nacional de Empleo Público. Y condiciones más favorables de acceso con menos requisitos que permitía tener gente sub 30 sin experiencia en conducción de equipos, sin título de posgrado, haciéndose cargo de direcciones nacionales. Es muy fuerte la cantidad de cargos que todavía hay en el Estado sin concursar. Hay que hacer 68 mil concursos. En cuatro años no voy a poder, pero mi objetivo es irme habiendo concursado a todas las personas que tienen más de diez años.

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