Como siempre debería pasar en situaciones de crisis, apenas se desató la pandemia los que estaban al frente del Poder Ejecutivo (en la nación el Presidente, en la provincia el Gobernador) se pusieron al frente, intentando dar respuestas en medio de una situación difícil. Es lo que se espera que hagan los que tienen la obligación de administrar, y en consecuencia, de dar respuestas diarias a las necesidades de la sociedad. Por eso son el Poder «Ejecutivo»; y para eso ambos (presidente y gobernador) tienen atribuciones que les otorgan las respectivas Constituciones.
Las mismas Constituciones que prevén que, en circunstancias de crisis, esas atribuciones puedan ejercerse con mayor energía y decisión, o ampliarse si los Poderes Legislativos (el Congreso y la Legislatura) lo consienten, siempre dentro de los límites constitucionales: la emergencia no socava ni destruye el derecho o las instituciones creadas por la Constitución, sino que las pone en juego con su máxima intensidad para cumplir el fin último del Estado: dar respuestas a la sociedad, satisfaciendo los intereses públicos, o el interés general, en la medida de lo posible; pudiendo incluso para ello restringir temporalmente derechos (como pasa con la libre circulación y la cuarentena), en beneficio del conjunto o para asegurar otros derechos, como la vida o la salud de la población.
En Santa Fe no hay DNU o la figura no está legislada, y Perotti no ha apelado a ellos, pero el período ordinario de sesiones arranca (de acuerdo a la Constitución) recién el 1º de mayo, y hasta entonces la Legislatura estaba convocada por el Legislador a extraordinarias, período en el que -al igual que en la nación- solo puede tratar los temas que proponga el Ejecutivo.
Pues bien, Perotti propuso primero (antes de la pandemia, pero ya con el sarampión y el dengue entre nosotros) una ley de emergencia sanitaria, y el socialismo se la rechazó; y volvió a insistir en febrero, pero la oposición se tomó casi dos meses en aprobarla, con la pandemia ya declarada, y no la votó a favor.
Se opusieron porque dijeron que la ley le otorgaba «superpoderes» al gobernador, que no los necesitaba porque ya tenía amplísimos poderes, pero igual se negaban a dárselos: una ensalada con todos los climas. Y ahora, cuando la ley salió (o sea que en teoría Perotti podría cerrar la Legislatura según ellos, porque no los necesitaría) quieren sesionar, para «hacer propuestas en medio de la crisis».
En la nación pasó algo parecido: apenas asumió Alberto, logró sancionar la emergencia sanitaria en la Ley 27541, con el respaldo de la mayoría de la oposición. O sea que admitían que, aun antes de la pandemia, la situación sanitaria del país era grave, y ameritaba otorgarle facultades al Ejecutivo para resolverla. Después vino el coronavirus, el aislamiento social obligatorio y lo demás conocido, y ellos mismos decidieron no sesionar, por el riesgo sanitario que conlleva, y llegaron a decir (en palabras de Mario Negri) que «…en tiempos de crisis el comandante debe ser uno, y en ésta batalla el general e el presidente, y nos ponemos a sus órdenes…», palabras más, palabras menos.
El presidente siguió haciendo lo que hay que hacer (hacerse cargo de la crisis), y aparecieron distintos DNU vinculados a la pandemia, el más resonante el 297, que dispuso el «aislamiento social, preventivo y obligatorio»; medida a la cual se llegó para no tener que implantar el estado de sitio, que supone limitar temporariamente las garantías constitucionales.
Y conforme pasaron los días, el romance de la «oposición colaborativa» con el gobierno se terminó: empezaron los cuestionamientos, las amenazas de que «van a mirar con lupa los DNU que emita el gobierno» (para eso están, háganlo y listo: basta con que se reúna la Comisión Bicameral permanente y los dictamine en contra, ¿o no tienen los números?), que van a controlar las compras que haga el gobierno (para lo cual no necesitan que sesione el Congreso, les basta con que las audite la AGN, en la cual la oposición tiene mayoría de acuerdo con la Constitución, si no se ponen de acuerdo para designar sus auditores, no es problema del gobierno), o que «no se puede cerrar el Congreso», sin explicar bien para que lo quieren abrir.
Eso sin contar que el ala dura de la oposición, encabezada por Marcos Peña en las sombras y Patricia Bullrich en público fogonean los cacerolazos en defensa de los despidos en Techint (denominados «para pedir que los políticos se rebajen el sueldo»), y continúan manteniendo activo al call center en las redes sociales, difundiendo fake news sobre muertes ocultas y morgues desbordadas.
La respuesta a por qué quieren sesionar, es muy sencilla: para generar un show mediático ante las cámaras de la televisión, discutiendo sobre el precio de los fideos o quien se rebaja más los sueldos (eso si logran ponerse de acuerdo entre ellos antes al respecto), sin aportar una sola puta idea a los gobiernos para resolver la crisis; como lo pudo comprobar en carne propia acá Perotti cuando lo convocó a la Casa de Gobierno: un desfile de narcicismo en la hoguera de las vanidades, donde cada uno explicaba que tenía la receta mágica para encarar el problema, pero que -como la fórmula de la Coca Cola- permanecería secreta hasta que decidieran revelarla en una sesión.
Si no nos creen recuerden que también pide que se reúna el Congreso la izquierda, que no tiene senadores, y tiene solo tres (3) diputados en una Cámara de 257, con lo cual la posibilidad de imponer sus proyectos (cualesquiera que sean) es la misma que tiene Macri de agarrar una pala. La idea es tener cámaras para reclamar testeos masivos, o proponer la abolición del capitalismo, por ley.
A propósito de los fideos, recordemos que en Santa Fe la ley de necesidad pública (cuyo artículo 13 establece que los Ministerios de Salud y Desarrollo Social deberán hacer monitoreos de precios y tomar en cuenta en los presupuestos oficiales los precios máximos que fije la nación) terminó siendo sancionada con un puñado de votos, y la abstención en bloque de la mayoría socialista en Diputados, y que en la última sesión del Senado antes de la cuarentena, la oposición se opuso a modificar los regímenes jubilatorios de privilegio de jueces y diplomático, que había pedido modificar un mes antes.
Y ya están advirtiendo ahora que «no hay que estigmatizar a los empresarios que blanquearon», para anticipar que se van a oponer a cualquier proyecto para gravar con impuestos las mayores fortunas del país, único caso que a nuestro entender hoy, en medio de la cuarentena, justifica abrir el Congreso para sesionar.
De modo que el asunto es muy claro y no tiene nada que ver con preocupaciones republicanas por las instituciones, ni nada por el estilo: han advertido que la pifiaron (lo de Lifschitz acá fue patético), que quedaron en off side, que Alberto Fernández en el país y Omar Perotti acá hicieron lo que tenían que hacer, y se convirtieron en medio de la crisis y la incertidumbre, en las únicas voces que trataron de aportar calma y soluciones (en la medida de las posibilidades, que no son muchas) a una sociedad asustada por lo que pasa, y lo que pudiera llegar a pasar.
Si el problema es arrimar propuestas, Alberto está en contacto permanente con todos los gobernadores y el jefe de gobierno porteño (o sea, también con los opositores), y Perotti se reúne casi todos los días con un consejo de expertos en el cual están incluidos los ex ministros de salud del socialismo en la provincia, cosa que en su momento celebraron. Tuit relacionado:

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Como te digo una cosa te digo la otra: https://www.lapoliticaonline.com/nota/125676-exclusivo-negri-habia-avalado-que-no-haya-sesiones/ 

Exclusivo: Negri había avalado que no haya sesiones

En una videoconferencia había dicho que era correcto que no abra el Congreso. Lo contrario a lo que ahora reclamó.

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Pero mostro, no querías sesionar y te tuvo que correr la vicegobernadora con un video
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En tiempos de emergencia los Gobiernos tienen facultades excepcionales para generar acciones y fijar prioridades. Pero también es clave el papel de las legislaturas, para proponer y controlar. Desde el bloque Socialistas en @diputadossf propusimos una serie de medidas

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