El asesino de la comerciante había intentado violar a una empleada

Estuvo preso hasta julio de este año por haber abusado de una mujer que atendía una panadería en 2013. Ahora se entregó por haber matado a la mujer de Esperanza.

“Me buscan porque asesiné a la comerciante de Esperanza”, con esas palabras el hombre de 28 años que mató a Gabriela Degiorgio se entregó en una comisaría, el sábado por la noche. Ese viernes había bajado de un colectivo y se había ido hasta el local de ropa de la mujer de Frank que trabajaba en Esperanza. Entró al azar y quiso robarle: la terminó asesinando a golpes.

Cuando se entregó, en la subcomisaría 17, su nombre y apellido hicieron sonar las alarmas. Se supo que este hombre había recuperado su libertad en julio. Estuvo muchos años detenido por una condena por tentativa de violación a una empleada de una panadería santafesina.

Fue el 13 de julio de 2013, cuando el hombre llegó al local de Santa Catalina de Monseñor Zaspe y Saavedra y dijo que iba a pedir trabajo. Pero se metió entre los mostradores e intentó abusar de la empleada. La llegada de un cliente evitó que llevara a cabo su plan.

Pero entre el dinero que robó, se llevó un ticket del negocio, lo que sirvió de prueba para condenarlo. Salió en libertad en julio y ahora asesinó a esta mujer. Además, tenía antecedentes por robo.

Según relató ese día de 2013 el diario El Litoral, “María Esther se encontraba detrás del mostrador ese día, cuando advirtió la llegada de un muchacho ‘de apariencia humilde’ que le contó que venía de Rafaela y que ‘estaba interesado en conseguir trabajo’. Dijo también que había hecho un curso de pastelería y que necesitaba el puesto porque había sido padre hacía poco”.

Y agregaba: “Aunque la empleada notaba que su interlocutor miraba hacia afuera de manera insistente, nada le hacía pensar que en un momento dado y sin mediar palabra, comenzaría a golpearla. Ella estaba anotando los datos del desconocido en el dorso de un ticket cuando éste cruzó el mostrador y le asestó el primer golpe directo a la cara”.

El joven, que rondaba los 22 años en ese momento, la amenazó con matarla para que no gritara y la obligó a ir hasta el fondo del local. Intentó bajarle los pantalones y le desprendió el cierre para manosearla. Pero justo llegó el cliente que la salvó.

En su defensa, el joven dijo que tenía un problema de adicción a las drogas y de esa manera justificó no recordar la escena. Sin embargo fue condenado.

Seis años después, tras cumplir la pena, fue liberado. Pero a los pocos meses reinicidó y de la peor manera, según él mismo dijo. Asesinó a una mujer trabajadora y madre de dos chicos. Produjo una gran tragedia.

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