PERDÓNANOS NUESTRAS DEUDAS

 

El jueves explicábamos acá que uno de los sectores a los que estaban destinadas las medidas del Banco Central eran las empresas con deudas en dólares en el exterior, que demandaban divisas en el mercado local para atender el pago de los vencimientos. Dijimos entonces: «En el pago de deudas del sector privado, se limita así el acceso a las divisas a sectores que llevaron sus activos al exterior durante los cuatro años macristas. Ahora podrán obtener dólares del Banco Central para cubrir el 40% de su deuda, y tendrán que utilizar esas divisas sacadas del país para cancelar el resto de sus obligaciones.».

En ésta nota de La Política Online a la que refiere el tuit de apertura pueden acceder al listado de las principales 18 empresas afectadas, cuyas deudas «a reestructurar» suman más de 900 millones de dólares. Casi en su totalidad, bancos, desarrolladoras inmobiliarias y empresas de servicios: como decimos en el tuit, ninguna que aporte decisivamente al desarrollo del país, a la transformación de su estructura productiva y mucho menos, a la generación de dólares genuinos para contar con capacidad de repago de esas deudas.

Cuando el macrismo en el gobierno liberó todas las regulaciones del mercado cambiario y la cuenta capital y reinició un nuevo ciclo de endeudamiento externo en el país, estaba claro que uno de los efectos más perniciosos era que eso alentaba el endeudamiento empresarial privado en moneda dura, que no hacía sino agudizar aun más la restricción externa. Sin un plan nacional de desarrollo que apunte a la diversificación de la estructura productiva para superarla y en un modelo de valorización financiera y fuga de capitales como el gestionado en los cuatro años anteriores, el peligro no tardó en concretarse.

Para peor, en la mayoría de los casos ese endeudamiento solo sirvió para financiar adquisiciones o fusiones que reforzaron aun más la concentración o la posición dominante existente en algunos rubros (como en el caso de Cablevisión-Telecom), y conociendo los precedentes que marca nuestra historia, no es descabellado pensar en autopréstamos, o  triangulaciones con empresas y bancos asociados, controlantes o controlados en el exterior, en otra vuelta de tuerca del proceso de fuga de capitales.

La historia nacional, decíamos, enseña que ese endeudamiento privado a la larga o a la corta termina siendo absorbido por el Estado y la sociedad, con mecanismos como los seguros de cambio o la pesificación; mientras que la atención del pago de los servicios de esa deuda suma otro factor de presión a la balanza de pagos, frente a la escasez de dólares disponibles.

Al mismo tiempo, ocurre que la mayoría de esas empresas endeudadas en dólares tienen a su vez ingresos y activos en esa moneda en el exterior, que no ingresan al país. Conforme los dólares empezaron a escasear, varias de ellas se apuraron -aun en plena pandemia- a comprarlos para cancelar anticipadamente vencimientos de intereses y capital de los préstamos; sin dejar por eso de percibir ayudas o subsidios estatales como el ATP. Lo que refuerza las sospechas de que estamos en presencia lisa y llana de operaciones fraudulentas, para fugar divisas a las que de otro modo no podrían acceder.

De allí que en este punto en particular las medidas del Banco Central no solo sean razonables, sino que debieron haberse adoptado hace mucho tiempo. Parece poco sensato que un Estado y un BCRA al que no le sobran los dólares en sus reservas y por eso renegocia su deuda con los acreedores privados y el FMI para aliviar presiones en la balanza de pagos, deba al mismo tiempo emplear una parte no menor de esas reservas escasas, para vendérselas a empresas para que paguen sus deudas, cuando tienen en el exterior divisas suficientes para hacerlo, con sus propios recursos. Tuit relacionado:

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