¿Desde donde se analiza un hecho político (porque sin dudas lo es) como la conferencia de prensa de ayer del presidente con Larreta y Kicillof para anunciar como sigue el plan para enfrentar la pandemia? Desde varios lugares, todos posibles y convergentes, a saber:
* El primero y más obvio: la cuestión de política pública que estaba en juego, en éste caso la salud de la población amenazada por la propagación de una enfermedad. Allí nada que decir: el presidente expuso cifras y datos concretos, que demuestran que la situación relativa del país (comparada con sus vecinos) es buena, y que las medidas tomadas fueron correctas.
Y los datos no solo son la prueba de eso, sino el hecho de que nadie los controvierta, y que los bolsones de resistencia «anticuarentena» se basen en fantasmas inasibles como el comunismo, y no en datos concretos verificables y contrapuestos a los oficiales: ya ni siquiera discuten el volumen de los testeos, como en un principio.
* Los ejemplos prácticos de Suecia y Noruega (dos países comparables, frecuentemente puestos como ejemplo) y sus diferentes estrategias para enfrentar la pandemia, y la parada de carro al periodista de Bloomberg que (en clave monetarista) preguntó por el déficit fiscal y la emisión monetaria como fuente de inflación, impecables. Esto último, en lo que el presidente demostró tener el panorama conceptualmente claro, deberá complementarse con medidas concretas, que vayan más allá de las que se anunciaron y están en marcha.
* Las decisiones consecuentes con el diagnóstico trazado y los resultados verificados: irreprochables. Donde los datos indican que las medidas funcionaron bien al punto de alcanzar las metas fijadas, se aflojan las restricciones; donde los riesgos siguen siendo mayores, se mantienen. El «gobierno de los científicos» gobierna (al menos en éste aspecto) con métodos racionales, y respaldado en evidencia científicamente comprobable.
El corte geográfico a partir del lunes en las «fases· del plan diferencia el trato entre el AMBA y el resto del país, aun cuando hacia el interior del mayor conglomerado urbano del país diluye responsabilidades concretas: cuando se especulaba con que la pandemia le estallara a Kicillof en el conurbano por todas sus carencias, el que peor la está administrando es Larreta, en la ciudad más rica y con mejor infraestructura de todo el país. Aunque el presidente lo elogie en público, por otras razones que más abajo se analizan.
* Lo que pasa en la CABA con las villas y los geriátricos marca que el virus tuvo un claro corte social en sus orígenes (como que vino del exterior, traído por los que disponen de resto para viajar), y hoy golpea a los más vulenrables, al menos en la capital del país. Larreta es el espejo en el que se mira Kicillof, para mantenerse alerta y ser prudente. Tanto como marca las consecuencias del abandono del Estado, de sus roles de compensación de las desigualdades sociales, o regulador de las actividades privadas.
* El presidente ya no hace el más mínimo esfuerzo por disimular que ha elegido un adversario, o lo está construyendo, incluso diluyendo sus responsabilidades allí donde gobierna: con Larreta a su lado y colmándolo de elogios, dio cuenta del dato de la duplicación de los casos de contagio en la villa 1.11.14, como si fueran responsabilidad de Gildo Insfrán, y no del jefe de gobierno porteño.
Alberto reforzó cuantas veces pudo la idea de que hay una «oposición racional que gobierna» con la que se siente cómodo, y otra irracional que tuitea sin responsabilidades institucionales, o convoca a movidas contra el gobierno. Oposición -agregamos nosotros- social, política y mediática.
* Esa elección del adversario no es necesariamente compartida por todos al interior del FDT, si se repara en los dichos de Cristina contra Larreta por el operador judicial Mahiques hace pocos días, y en la marcada de cancha de Kicillof al señalar que era bueno que hubieran ganado las elecciones quienes las ganaron, y que los números de la provincia en materia de contagios se ven opacados por los de las ciudad, que comparativamente son mucho peores.
* Otra lectura posible (no incompatible con lo dicho antes) es que poniéndolo a Larreta a su lado, Alberto lo coloca frente a sus votantes, para compartir el costo de que en la ciudad siga la cuarentena con pocas flexibilizaciones, siendo que allí anida buena parte de la oposición social a la misma.
Ante el estruendoso fracaso del cacerolazo, hizo bien el presidente en no llamar por su nombre a los promotores: sería conferirles una notoriedad y entidad política de la que claramente carecen.
* Frente a los lobbies que presionaban por levantar la cuarentena -como señaló Kicillof- y los que le mienten a la población (como advirtió el presidente, hicieron mal ambos en no nombrarlos: es eximirlos de responsabilidad y conferirles invisibilidad, que es lo que buscan, y con lo que medran.
El remanido recurso de decir -antes las preguntas y el pedido de nombres. «la gente sabe» yerra luego de que se comprobara que «la gente» cacerolea por una tapa de diario basada en una noticia que no existió, como la suelta masiva de presos por decisión del gobierno. Tuits relacionados:

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Un opositor a medida construido desde el gobierno nunca es asumido como opositor por la base social a la que aspira a representar. Acá y en todos lados, siempre.

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La respuesta de Larreta a la pregunta por la duplicación de casos en la ciudad fue nivel «debo irme, mi planeta me necesita».

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«Hicimos los testeos rápidos en la villa 1.11.14 y nos dio un 60 %de casos positivos». Ocupáte Gildo (?)

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Todo termina donde empezó: la CABA

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Con todo esto lo de hacerle devolver a la CABA la coparticipación que le triplicó Macri ya fue, no?

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