Se conocieron en un bar hace unos meses, los dos separados cincuentones. Sus hijos grandes. No importa su estética ni sus nombres. Cada uno vive en su propio depto. Heterosexuales de vida. Bromean sobre «minas» más jóvenes. Intercambian números de celulares y con ellos se wasapean diariamente.

Llega la cuarentena. Deciden no embolarse pasarlas solos, y hasta para cuidarse por las dudas.

Play torpemente, viejas películas, algunas pornos. De pronto sólo se despiden para dormir cada uno en su cuarto y el beso ((acercamiento prohibido de por sí) es llamátivamente cercano a su labio. Siente un escozor extraño en su panza. Se da cuenta que empieza a mirar a su amigo desde otro lugar.

La cosa queda ahí, pero antes de dormir en su cama, sus pensamientos se transforman en fantasías. Se interroga sí será una cosa sólo de él. Será la convivencia que torna eterna? La falta de sexualidad?. Intenta mansturbarse con la imagen y situación hetereo de turno, no puede una y otra vez reaparece la imagen de su amigo. Se horroriza.

Al otro día esa sensación que se «vende» delante de su amigo. Pensará que soy puto? se interroga cómo si estuviese contagiado de coronavirus.

Llega la noche y se repite el saludo ahora doblemente prohibido para él, y los labios de su amigo ya no se aproximan, se depositan en los suyos directamente.

Este editor cae en el lugar común del relato, él siente una explosión interior, y lo besa desesperadamente en la boca, acaricia el pecho con bellos canosos de su amigo, disfruta del miembro al cual decide tocarlo directamente abriendo el cierre del pantalón de su amigo que solo disfruta sin verguenza. Lo besa, lo siente en su interior, no hay dolor, hay amor.

De dónde salieron estos sentimientos? Siempre estuvieron ahí. Reprimidos. Se rompió el dique de los mandatos sociales. Y es feliz. salió del closet, aunque viva en Santa Fe, será real la historia o sólo será mi fantasía personal, lo dejo a tu criterio, aunque no creo que haya diferencias entre una u otra.

 

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