Toda vida es preciosa e irrepetible. Incomparable. Para sus seres amados no hay NADA que supere esa perdida. Cómo un nacimiento.

Llama la atención los parámetros mediáticos/sociales y no sé sí está bien el orden de los factores, para conmoverse por la muerte de un jugador de fútbol, pero NO de un policía que dió su vida por nosotros. Lo mismo vale por cualquier «servidor publico» ojo, pero percibo que subyace una estigmatización injusta para con la familia policial.

«Son gajes del oficio, me pueden decir», y es una mentira atroz, porque vivir ya es un gaje del oficio a la hora de morir. pero la indiferencia, casi despectiva, es cruel.

Fuí, soy y seré MUY critico de policías cualquiera sea su rango que se corrompa, he visto tapas de diarios durante días, horas de radio y tele por esto, son así de importantes, pero a la hora que un buen agente se muere cumpliendo con su deber de cuidarnos, de pedo una notita perdida.

Esa falta de reconocimiento, que se traduce en magros sueldos, que se traduce en la imposibilidad de agremiarse, que se traduce en qué las mujeres policías sean las mayores receptoras de violencia de genero familiar y laboral sin poder gritarlo al mundo y menos denunciarlo, entonces…somos creadores de un círculo vicioso perverso.

Ayer los «azules» perdieron a uno de los suyos, de sólo 23 años, mis afectos, respeto, y agradecimiento. Perdón en nombre de los medios y colegas que no sabemos valorarlos ni siquiera cuándo mueren…

 

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