La conozco hace años a Ramona, muchos años, enfermera de un hospital del interior de la provincia, tenía una adoración por Alberto Maguid. Siempre me la cruzaba en el camping en Enero, o la veía recorrer junto a Alberto los domingos a la tarde el camping tomando mates con él.

Pasaron los años, y la hija de Ramona (esa chiquilina fascinada con las piletas y los juegos del camping) ya la hizo abuela. Nos cruzamos en la peatonal. recuerdos van y vienen. Pero se pone triste.

«Quise ponerle unas flores al busto de Don Alberto en el camping y me las sacaron». No lo puedo creer. «Las primeras vacaciones con mi hija las disfrute acá, y quería reconocerlo, nada más, y tiraron las flores por orden del «nuevo» (por Jorge Molina)».

No lo puedo creer aún conociendo la honestidad brutal de Ramona, se puede ser tan necio? Tener tan baja la autoestima ante quién le dió la oportunidad de acompañarlo? Tanto sentido de inferioridad como para negar la historia, el cariño y el agradecimiento? Pobre tipo.

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