COINCIDENCIAS CONSPIRATORIAS

En un par de semanas las autoridades de la provincia de Mendoza pasan de esbozar ideas de independencia, a reclamar ayuda urgente del Estado nacional frente al colapso de su sistema de salud por la pandemia. Duhalde reaparece para denunciar que no habrá elecciones el año que viene porque habrá un golpe de Estado, copa las primeras planas, radios y canales, para luego alegar demencia y desaparecer por donde vino, sin que nadie le pregunte nada más.
La cuenta del Ejército en las redes sociales homenajea «a caídos en la lucha contra la subversión» hasta que la entrada es bajada -como el cuadro de Bendini- por orden del Ministerio de Defensa dos días después. Carrió reaparece diciendo que gobierna el país desde su cama, y llamando a la desobediencia civil. Le pide a la Corte que se involucre en el conflicto de poderes entre el Senado y la justicia, para salvar a los jueces del «law fare» puestos a dedo por Macri.
El Senado se apresta a remover a esos jueces, o hacerles cumplir el procedimiento previsto por la Constitución para su designación, y algunos de ellos -los que fueron con amparos a la justicia, que se los rechazó- se ausentan deliberadamente de las audiencias públicas donde debían exponer. buscando refugio en un recurso extraordinario en la Corte Suprema; que podría desarticular toda la maniobra con un solo fallo, si quisiera.
El Congreso de la Nación -la Cámara de Diputados, para ser más precisos- se convierte en un reality show de la oposición que insiste hasta el contagio en sesionar en forma directa, y va con un amparo a la justicia para anular la sanción de la ley de emergencia turística, preparando el terreno para cuestionar la legitimidad de la que realmente les preocupa, más incluso que la reforma judicial: el impuesto a las grandes fortunas.
Aparecen contagios entre los diputados «rebeldes», y los demás se niegan a hisoparse, siguiendo elementales normas sanitarias, las mismas que desoyeron para insistir en no sesionar en forma remota. En ese estado le proponen al gobierno un pacto político a 30 años, en un país en el que no se sabe que puede pasar mañana.
Con diferencia de pocos días, el gobierno cierra los canjes de deuda con los acreedores bajo ley extranjera y los de bonos emitidos con ley argentina, con porcentajes casi totales de adhesión. El presidente dicta un DNU declarando servicios públicos esenciales a los servicios de Internet, cable y telefonía celular y congela sus tarifas. Finalmente aterriza en el Congreso el proyecto de impuesto a las grandes fortunas, que pagarán solo los 12.000 argentinos más ricos. Los contagios y las muertes por la pandemia siguen creciendo, pero el gobierno ya piensa en «el día despues», y trata -con suerte dispar- de imponer otra agenda pública.
De las supuestas sueltas masivas de presos, asesinos y violadores, pasamos a las tomas de tierras, reales o imaginarias. Se culpa a los movimientos sociales, a la Cámpora y al Papa. Surgen encendidos defensores de la propiedad privada, pero Lázaro Báez no puede volver a su casa a cumplir la prisión domiciliaria y el Estado no puede garantizar que lo haga, porque lo impide un piquete de chetos de un country que pueden convivir perfectamente con narcos y lavadores de dinero ilegal, con tal que no estén asociados al kirchnerismo. O manifestarse en contra de la reforma judicial en defensa de la independencia de los jueces, pero montar una pueblada VIP, para impedir que se cumpla un fallo.
Berni y Frederic interrumpen su numerito de dúo Pimpinella discutiendo por las tomas y las políticas de seguridad para posar juntos y junto al presidente y al gobernador de Buenos Aires, en el anuncio de un plan de seguridad para el conurbano. A los tres días, estalla un motín policial de la bonaerense presuntamente por reclamos salariales, pero que se prolonga aun después de anunciados aumentos, incluyendo una batucada de patrulleros en la madrugada, frente a la casa del gobernador y su familia. Casi al mismo tiempo se confirma la aparición del cuerpo de Facundo Astudillo Castro, y crecen las sospechas de que el lugar donde hallaron sería un cementerio clandestino de la bonaerense.
En el gobierno nacional aducen estar sorprendidos por la sedición, pese a que lúmpenes totales como Florencia Arietto y Alejandro Biondini la anticiparon días antes en las redes y en los medios. Conspicuos manifestantes anticuarentena queman barbijos en el obelisco y Clarín se las ingenia para echarle la culpa a la Cámpora, basado en una única fuente: trolls macristas de Twitter.
Conforme crecen los contagios y las muertes, mientras desde la nación se desliza que «se podría apretar el botón rojo» y volver a la cuarentena más estricta, Perotti lo hace en el sur de la provincia y surgen rebeliones de comerciantes y otros rubros afectados, pero también de irresponsables intendentes, presidentes comunales o legisladores que los respaldan. Una 125 de contagios, 12 años después. Los rebeldes responden al llamado de Carrió a la desobediencia civil, o al revés: el orden de las factores no altera el producto. Todos quieren ser como Larreta, el que abre los bares, es todo un desconche, pero sigue en la meseta.
¿Se trata acaso todo lo reseñado de una sofisticada conspiración urdida desde vaya uno a saber donde, en la que todas las piezas encajan, o una simple coincidencia de hechos que se disparan en un contexto propicio, con actores comunes en más de uno, personajes siempre prestos a aprovechar cualquier circunstancia, para llevar agua para su molino?
Políticos irrelevantes electoralmente, policías bravas mal avenidas con la democracia, medios y empresarios dueños de esos medios afectados por el DNU de las tarifas, por el impuesto a las grandes fortunas o por ambas cosas a la vez, sectores de la sociedad que siguen sin aceptar el resultado de las últimas elecciones, y dirigentes opositores impresentables, que sienten que deben responder a ese trauma psicológico, con actitudes borderizas con el golpismo.
Con o sin miradas conspirativas, un clima político enrarecido y de creciente tensión social e institucional, con «juego brusco» antidemocrático de los que perdieron, en el cual los que ganamos, tenemos todo para perder. Cuando con diferencia de horas proscriben a Correa y a Evo Morales (éste víctima de un golpe que comenzó con un motín policial), no debemos perder de vista que  en la Argentina fuimos capaces de construir una salida electoral al desastre macrista; y eso es intolerable para determinados intereses. Intereses que quieren instalar una sensación de caos y de vacío de poder para medrar, como hicieron siempre.
Pero nosotros no podemos dejarlos que la instalen, con reñideros en público, funcionarios comentaristas de la realidad sobre la cual deben actuar, o «advirtiendo» que harán tal o cual cosa, o tomarán tal o cual medida, llegado el caso; borrándose en el mientras tanto. Tampoco con el presidente diciendo que la cuarentena no existe, mientras llama a la sociedad a cuidarse para evitar los contagios: el mejor remedio a la instalación de la idea de vacío de poder, es ejercerlo en plenitud; que para eso nos votaron.

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