Las medusas, peligrosas de por sí, tienen una particularidad, no tienen NI CEREBRO NI CORAZÓN y sólo se manejan por impulsos. Y vemos cómo parte de nuestra sociedad pareciera que padece la misma situación.

En esta oportunidad quisiera utilizar una expresión que, a mi parecer, es muy vulgar, aunque a veces es importante hablar lo más llano posible para poder hacernos entender.

Hay un sector de la sociedad, al que entiendo, no hay nada que le venga bien. Nuestro país atraviesa un momento en el cual se vive una libertad de expresión lindante con la golpista. En Argentina se vive un tiempo extraordinario en el cual se puede llegar a debatir y discutir para llegar a tener un poder judicial que pueda ser mejor. Un poder judicial que no sea basado en las políticas macristas, malacostumbrado por los poderes de turno, que terminó creyéndose propietaria del resto de los poderes y, que siempre trabaja al calor de los poderes políticos de turno.

Vamos a hacer hincapié en aquellos de la función pública, los pocos, que hoy están presos. Esto solo ocurre cuando pierden el poder. Un ejemplo es Menem, quien estuvo 79 días preso al terminar su mandato y por no presentarse a segunda vuelta. Mazzorin es otro ejemplo y, solo llego estar preso una vez que termino el mandato de Alfonsín. Ni siquiera tengo palabras para la dictadura o el gobierno de la alianza. Con algunas excepciones, como lo es el caso de Jaime.

Lo que se intenta hacer es, cortar definitivamente con estas situaciones. Esto no se trata de nombrar a jueces amigos o partidarios. Me interesa hablar sobre otras cuestiones que son dejadas de lado por la pandemia pero, tienen que ver con nuestra vida cotidiana: ¿cómo sancionar a un juez que comete errores desmedidos? ¿Quién realizaría dicha sanción? ¿Por qué un juez no paga impuestos a las ganancias? ¿Por qué un juez puede equivocarse deliberadamente, jubilarse y no recibir ninguna reprimenda por ello? ¿Por qué están en función jueces que encarcelan a personas inocentes y otros liberan a peligrosos delincuentes?

Estas mismas personas que hoy, no se preguntan nada de esto, son las mismas que realizaron una movilización en contra de la cuarentena. Hoy puedo decir que mi nivel de impotencia es muy alto, ¿cómo explicarle a este sector de la sociedad que los servicios esenciales son oligopolios? Esto quiere decir que la oferta es siempre la misma. La palabra oligopolio la aprendí de mi papá, con su heladería. En esos tiempos había solo 5 heladerías y nunca ibas a encontrar dos en la misma zona, es por eso que los cinco dueños se juntaban para discutir los precios. Esto es una actitud oligopolica, donde no tenes la posibilidad de elegir.

Creo firmemente que podemos tener distintas opiniones, lo que hemos perdido es la capacidad de expresar esa opinión sobre datos ciertos y, un mínimo de conocimiento. Desde este punto, uno pasa a sentir resignación y, la realidad es que cuando uno no quiere, dos no pueden. Puede haber voluntad y paciencia, aquellos que se niegan a escuchar, van a caer en lugares comunes como lo son las “teorías conspirativas».

Una vez que se cae en la resignación, uno suele preguntarse “¿Qué hacemos?”. ¿Qué se puede hacer con ese aluvión psiquiátrico de ignorantes? ¿Qué se hace con aquellos que siguen repitiendo frases como la de “70 años de peronismo”? Acá me voy a detener y contarles que en estos 70 años, nuestro país fue gobernado, en su mayoría, por militares y gobiernos de derecha. Si hacemos la cuenta, se auto condenarían.

Cuando despertas de este trance temporal , algunos pensarán, “¿por qué me tengo que resignar?”. En ese momento entendes que “no hay peor mediocre que aquel que se empodera en su mediocridad”, que a su mediocridad la hace una verdad absoluta y esta última la transformar en su razón de ser para poder perseguir a quienes la cuestionan. Entre sus afirmaciones, llegan a tal extremo (en una sociedad de por sí tensionada), de decir que somos una sociedad inviable.

En este punto creo que, intentar superar esta grieta política es comparativo con el síndrome de la mujer golpeada porque, hagas lo que hagas van a seguir golpeando. A estas personas no les interesa nada. Aunque les ofrezcan el mundo, nunca van a estar conformes. Se pararon proyectos de ley para bajar la tensión provocada por el 48 % de la gente. Un 48% que no termina de entender que se está tratando de controlar un servicio que es pésimo, caro y generador de fortunas infinitas. Están defendiendo intereses empresariales, como siempre y… ¿hasta cuándo?

Me siento impotente, resignado, con bronca. ¿Cómo se sigue? ¿Cómo seguimos? Estos son los grandes interrogantes que se deberían plantear post pandemia. Acá no se discuten modelos de gobierno, lo que ocurre profundamente en nuestro país es que, de una vez por todas, va a tener que terminar con esta situación. Esta batalla cultura determinará que tipos de personas queremos ser y, en la respuesta que demos individualmente, nos encontremos con que “caminamos hacia la utopía y ella es como el horizonte, en la medida en la que nos vamos acercando ese horizonte se va alejando».

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