ARGUMENTO AD HOMINEM

En las reglas de la lógica formal se pone como una de las falacias típicas el argumento ad hominem, es decir dar por sentada la falsedad de una afirmación tomando como argumento quién la dice, o desacreditar una postura, sobre la base de descalificar a quien la sostiene.».

El principio -válido en general- puede matizarse, creemos, cuando quien sostiene algo no tiene autoridad moral para decir justamente eso, ignorando su propia conducta precedente en sentido contrario. Para que se entienda con un ejemplo: Macri o sus funcionarios dando consejos de buen gobierno.

Hace mucho tiempo en ésta entrada y a propósito de los econochantas que pululan por los medios ofreciendo soluciones para todo -que son siempre las mismas, y fracasan una y otra vez, decíamos que «…los tipos escriben o hablan desde el limbo, desde la nada o desde el parnaso de la ciencia y la teoría económica; como si no tuvieran nada que ver con los diferentes desastres padecidos por la Argentina desde el 76′ para acá (por poner una fecha emblemática), o como si sus ideas fueran absolutamente nuevas, o nunca hubieran sido llevadas a la práctica entre nosotros. 

Peor aun: como si, llevadas a la práctica incluso por ellos mismos como funcionarios o gestores de la cosa pública (o como hombres de consulta de los funcionarios, o lobbistas con acceso privilegiado al poder), hubieran producido resultados espectacularmente buenos para el país y su gente.

Domingo Cavallo es quizás (junto a López Murphy) el caso más extremo de este tipo de ejemplares, pero no el único: Néstor Kirchner los llamaba paracaidistas húngaros, porque decía que opinaban como si recién hubieran llegado a la Argentina desde un lejano país extranjero, caídos del cielo y sin conocimiento previo de lo que acá pasaba; ni mucho menos responsabilidad en eso que pasaba. 
 
Lo que se nos ocurría a nosotros como idea es que -al menos en la televisión- se establezca la obligatoriedad de incluir un zócalo (cuando el tipejo en cuestión habla o es entrevistado en un programa) en el que se ponga un suscinto currículum del especímen del caso, … de modo que los argentinos -que solemos ser de memoria corta- sepamos quien es realmente el muñeco que opina, y desde donde lo hace;…«.

En tiempos de post verdad, «fakes news» y blindajes mediáticos, es importante saber que se dice, pero tanto o más importante es saber quien lo dice, y no es que estemos proponiendo censura, una «ley mordaza» o esas cosas que suele hacer el gorilismo con el peronismo, no señor: simplemente refrescar la memoria social sobre que hizo cada quien, y cual es la plataforma política, moral o intelectual desde la que habla. De lo contrario seguiremos validando como sociedad el proceder de aquellos que parecen tener soluciones para todo, que por alguna extraña razón no pueden aplicar cuando les toca gobernar; arte en el cual la UCR, por ejemplo, alcanza niveles inigualables.

Estos «paracaidistas húngaros» de los que hablaba Néstor operan desde la impunidad del blindaje mediático, que tomándose en serio aquello de que «el periodismo es la primera versión de la historia» hace revisionismo histórico en tiempo real y presente, para contribuir a futuro a la amnesia colectiva, enfermedad que suele estar en la base de grandes pifiadas electorales que terminamos pagando todos.

Con cartas claras, sabiendo cada uno desde donde habla y con que pasado carga en sus alforjas, el debate es más honesto, y después cada uno vota como le parece, pero haciéndose cargo después: no vale decir que «te engañaron»; como hicieron muchos con Menem, De La Rúa y Macri.

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