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jueves, julio 2, 2020
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Los pro contagios y muertes

Ofensiva de la derecha, motivos y protagonistas

Los anti cuarentena, sus gritones y sus cerebros

Consenso con el aislamiento sanitario. Alta legitimidad del Presidente. El poder económico enfurecido. Qué defienden. Qué temen. Uso de los ATP, ofensas posteriores. El aislamiento en Villa Azul, desafíos para gobernantes y organizaciones sociales. La trama de solidaridades. El viejo orden resiste. Los gritos de su claque.
La cupula de AEA, integrada entre otros por Héctor Magnetto, Paolo Rocca y Luis Pagani.
La cupula de AEA, integrada entre otros por Héctor Magnetto, Paolo Rocca y Luis Pagani. 

Página 12 conversa con un sacerdote católico, conocedor del Conurbano, que “no se casa con nadie” (en términos políticos). Con funcionarios nacionales, de los que caminan mucho y pisan barro sin asquito. Con militantes de organizaciones sociales. Describen lo mismo: “la gente está asustada. Contenida. Dispuesta a respetar la cuarentena. Cansada, también”. Hablan de los argentinos más desprotegidos, que se cuidan. Reclaman asistencia del Estado y la buscan cuando llega.

La fatiga colectiva, policlasista, es la brecha de oportunidad que trata de exacerbar la derecha anti cuarentena (AC, en adelante). La prolongación del aislamiento la favorece.

Le juegan en contra el momento y el epicentro de sus concentraciones. El número de contagios se eleva en la Ciudad Autónoma (CABA), Buenos Aires y Chaco. En otros distritos más aliviados se encienden alertas: el relajamiento ciudadano reaviva la lesividad del virus. Personas “normales” se dañan y perjudican a terceros. Se aglomeran, provocan focos. Tal vez fantaseaban que la covid-19 les pasaba lejos. Obraron con negligencia, en detrimento de sus propios intereses.

Un velatorio en la ciudad de Lobos, imprudencia durante una circunstancia trágica. Un babyshower en Necochea. Alta asistencia de jugadores y público a las canchitas de fútbol cerca de las villas quilmeñas. El ansia de recobrar hábitos, la desaprensión castigan a esas comunidades. Las del Interior, que estaban en fase 4, retroceden mientras cunde el miedo.

Los grupos de indignados macristas acuden a Plaza de Mayo, insultan al presidente Alberto Fernández. Olvidan al Jefe de Gobierno Horacio Rodríguez Larreta quien decretó el cierre de numerosos comercios, retractando lo decidido dos semanas antes. Por entonces, al fundar excepciones consignaba la cantidad de empleados. Keynes sufriría: a mayor cantidad de trabajadores, más trabas. Se cierran negocios en grandes avenidas fatigadas por demasiados paseantes.

Los porteños macristas rabiosos complican a su principal figura política, le sacarían canas verdes si tal prodigio fuera posible. La CABA y el Conurbano son los distritos con menos apertura. En 21 provincias se habilitan fábricas, negocios, renacen la vida social, las comidas familiares, se puede pasear y hasta correr. A los AC les falta un panóptico federal.

Reapertura es una cosa, distinta a la reactivación que tarda en llegar en muchas ramas de actividad.

Claro que la ofensiva opositora no es cuestión de congruencia sino de objetivos.

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Los dueños y la claque: La derecha busca debilitar al Gobierno, erosionar la alta legitimidad de ejercicio del presidente Alberto Fernández. Un mandatario que no está solo. Los estados nacional, provinciales y municipales tratan de conciliar el cuidado de la salud con la rehabilitación de la economía. Las organizaciones sociales, sectores de distintas iglesias, trabajadores de la educación y salud se arriesgan para atender a los más necesitados. Se hace de modo dispar, con gestiones a veces discutibles. El esfuerzo y la dedicación son innegables: están donde se los precisa.

La derecha real, el establishment, percibe una amenaza a sus privilegios, la perspectiva de que aminore la desigualdad. Embiste, de variadas maneras.

Contrato de lectura de esta columna; dedicará más atención a los dueños del circo que a sus portavoces (por usar una palabra amable que empieza con “p”). Puesto de otro modo: la fracción del club de admiradores de Luis Chocobar que instaló el neologismo “infectadura” ejerce la libertad de expresión. Se les otorga excesiva centralidad. Son extras, la claque. Un epifenómeno de la ofensiva de poderes reales, serios y temibles, que defienden bienes concretos. Las grandes fortunas, la oscuridad sobre sus bienes y sus manejos, la explotación, los privilegios, la evasión. la impunidad.

Sus aliados emiten discursos con ruido y furia. Se desgañitan, se declaran presos en sets de televisión, usan altavoces que les facilitan los medios dominantes. En cumplimiento del contrato, no los mencionaremos más.

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Encierros, dilemas, desafíos: Los cierres de fronteras interiores, desde el vamos, cambiaron el mundo, impactaron en el Derecho. Para muchos, incluyendo a este cronista, son ilegales frisando con la inconstitucionalidad. Se implementaron en todas las provincias, en un sinfín de localidades, con alta anuencia de la sociedad civil y buenos resultados sanitarios. La emergencia reacomoda la valoración aunque sigue siendo deseable o imprescindible que cesen cuando arribe la “nueva normalidad”.

El aislamiento extremo dispuesto en Villa Azul suscita debates válidos, desafía a las organizaciones sociales y a las militancias populares. Un notable artículo de Laura Vales publicado ayer en Página 12 retrata sus dilemas, las resistencias previas, el fundado resquemor contra la presencia policial. También el modo de responder, actuando. Las medidas tremendas solo se justificarían si aminoran los peligros que acechan a los pobladores. No basta con las alusiones al Estado presente, se precisa eficacia en la gestión. La ayuda alimentaria, los medicamentos, la provisión de artículos de limpieza, imprescindibles, no agotan el cuidado. Las Fuerzas de Seguridad forman parte del dispositivo pero no tienen que ser el único o principal rostro del Estado.

El Estado presente necesita el apoyo de la sociedad. El contacto con el vecindario requiere de mediaciones conocidas y validadas desde antes: referentes sociales, médicos del lugar, maestras, trabajadoras sociales.

La Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT) provee 21.000 kilos de alimentos frescos, producidos por agricultores familiares. Donan 2000 kilos más, los pobres saben ser más atentos que los millonarios en dólares. Durante el mandato del ex presidente Mauricio Macri productores de a pie promovían verdurazos: regalaban comida a hermanas y hermanos de clase. Ahora articulan con el gobierno bonaerense quien los habilita como proveedores. Uno imagina a periodistas ávidos de un premio Adepa pesquisando si hay sobreprecios en la papa o la batata. Rodríguez Larreta queda dispensado de pesquisas parecidas. Hasta hoy, como casi todo lo que se narra acá.

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