«Siento que nos tocó ser el símbolo de la injusticia»

En una entrevista exclusiva, UNO Santa Fe tuvo una emotiva charla con Inés Massino, la madre del joven asesinado hace un mes en su negocio en el centro santafesino.

Siento que nos tocó ser el símbolo de la injusticia

UNO Santa Fe / Autor: José Busiemi

19:57 hs – Miércoles 16 de Octubre de 2019

Debajo de la escalera de la casa de Julio Cabal, hoy hay cuatro bolsas negras con su ropa. Algunas prendas no las usó nunca, porque aunque su familia se las regalaba para que renueve el repertorio, él consideraba que no necesitaba más que un par de remeras y una campera para andar. Inés Massino, su mamá, juntó coraje para empezar a soltar, de a poco, las cosas que él ya no va a usar más. Este jueves se cumple un mes del asesinato del joven de 29 años que murió de un tiro en el pecho mientras atendía su comercio Almacén del Norte, ubicado en avenida Urquiza entre Mendoza y Salta.

En su celular, Inés tiene una carpeta con las fotos de Julio en las que busca ver bien sus ojos azules. Las comparte a quien pregunta como era, y enumera las bandas de rock por las que pasó para cantar o tocar la guitarra. Con una birra en la mano, sonriendo, solo, con amigos o con el mate armado, su mamá corre el indice de derecha a izquierda para señalar que en la mayoría de las fotos, la campera que se ve la tenía desde los 17. «Así era él», describe.

Con un imputado en prisión preventiva por el caso y una marcha multitudinaria en pedido por seguridad que pasará a la historia de la ciudad, UNO Santa Fe dialogó con Inés sobre el tiempo transcurrido, su duelo, su lucha, la desigualdad social, el rol de las autoridades políticas, los comentarios en redes sociales y los últimos días de Julio.

— A un mes del crimen, ¿cómo evalúa el rol de la Justicia?

— Hay una persona imputada por el caso de Julio, que está detenida en este momento. Esperaremos que pase el juicio que no sé cuándo será eso. Allí se dimirá su culpabilidad o no, en base a las cuestiones que se investigaron. Creo que la investigación de Julio fue una de las pocas que dio frutos, lamentablemente. Va… afortunadamente para mí y lamentablemente para el resto de los casos. En la reunión que tuvimos en diputados nos dimos cuenta que hay un montón, infinidad, de casos sin resolver. Que la justicia no sabe, no puede o no sé por qué cuestión no investiga. Hay casos espantosos, de gente sin justicia de hace 17 años que no saben qué pasó. Acabo de leer que se presentó alguien por el caso de Lucas Pirovano, que la mamá está terriblemente mal, hace tres meses que lo mataron y se presentó solo. A lo mejor es que está acorralado, no sé, pero se presentó solo. No lo encontraron con las investigaciones.

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En cuanto a mi caso yo no debería quejarme, lo que me preocupa es cuánto crimen hay. Hoy van por el homicidio 77, Julio era el 68. ¿Qué hace el ministro de Seguridad? ¿Dónde está? ¿Por qué está donde está todavía? ¿Por qué el gobernador todavía lo mantiene en su cargo? A mí me da vergüenza. No puedo creer que este tipo salga a la calle y no se de cuenta del desastre que ha hecho. El Ministerio de Seguridad tiene una gran responsabilidad en que la prevención no existe, definitivamente. Ahora si hay cuatro policías por cuadra que dan vueltas, pobrecitos. Y está bueno que den vueltas, pero una camioneta de la policía con luces prendidas no previene el delito. No sé si nos entendemos. El chorro se va a quedar quietito hasta que pase la camioneta con las luces y cometerá las cuestiones después que se vaya. Es como que es un «correte que ya vengo».

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— ¿Cómo fue el contacto con los legisladores en la Cámara de Diputados?

— Escucharon. Aunque actuar, no creo que lo hagan mucho. Hay algunos que ya se van, que nos dijeron «discúlpanos, no pudimos hacer mucho» y los que vienen se suponen que van a trabajar. Creo que falta un montón. Por supuesto que espero que Maximiliano Pullaro no se siente en la Legislatura, definitivamente. Si no sirvió para una cosa tampoco va a servir para la otra evidentemente. Aparte esto que viene con las listas eternas que tenemos que fumarnos en cada elección, que conocés al de la foto y por ahí te suena la cara. Es terrible el nivel de políticos que lamentablemente tenemos y así estamos. Nos recibieron, nos escucharon. Nos pidieron que pasemos la lista de quienes íbamos a ir para darnos un permiso para entrar. Así que el fiscal Baclini estaba con mucho dato de cada uno, estaba enterado de cada caso y tenía un resumen de cada uno. Reconozco que fue y puso la cara, no como el ministro de Seguridad que es el responsable más cercano, para mi, de lo que está pasando. La justicia investiga con lo que puede, de manera básica. Pobres chicos como investigan. La verdad que hacen lo que pueden con lo que tienen. Siento que quiero ayudar pero no sé por donde empezar. En un momento les dije que el Estado era un todo. Nos recibieron diputados y el jefe de fiscales, pero eran una parte del engranaje del Estado.

«Nada me va a hacer sentir bien, ni siquiera ayudar a la gente, pero bueno, es saber que estoy haciendo algo de lo que él quería y a lo mejor no lo pudo hacer porque no sabía cómo», dijo Inés a UNO.UNO Santa Fe / Autor: José Busiemi

Ahí falta la Municipalidad que no controla las motos, por ejemplo. El que supuestamente mató a Julio se movió en moto. Yo veo familias enteras en moto sin casco, eso no se controla. Arrancá por esa parte, que es la Municipalidad que no controla las motos. Después a esa gente las tocás con el auto y van a parar al Cullen, se los atiende, generan mayores gastos al Estado y no es por no gastar, pero si prevenís evitás el gasto y que se arruine una familia entera. También si vas en un auto corrés peligro y no hay seguro que te pague la muerte de un chico. No hay nada. A mi nada me va a devolver a mi hijo, pero siento que tengo que hacer algo y si puedo con la fuerza que me quede voy a molestar, meter el dedo en la naríz, para decir «hacete cargo, para esto te elegimos, no para que cobres un sueldo y la pases divino». Porque yo también trabajo para el Estado y cobro un sueldo que es de hambre. Soy jefa de compras del hospital más grande de la provincia. Trabajo con honestidad, y trabajo con un grupo que labura con honestidad. Todos los días trabajamos para que en esta provincia en el cachito que a mi me toca funcione mejor y no veo que todos hagan lo mismo, y me duele un montón.

Falla la prevención, pero hay que hablar de las drogas también. Los diputados me dijeron que es un delito federal, pero también es una falla del Estado. Estamos fallando en todo, en la educación. Es lo que decía mi hijo: educar, dar oportunidades. Creo que era lo que él soñaba para que el país pueda llegar a ser mejor, lo discutíamos siempre. Yo le decía que a las oportunidades también hay que buscarlas. Llegábamos a la conclusión que con educación podés lograr que la gente se sienta con un poco más de fuerzas para buscar oportunidades. Educar, dar de comer. Es muy triste. Él defendía a gente como el chico que lo mató, que estaba excluída del mundo.

— ¿Cómo es tratar de defender sus ideas y llevarlas a cada parte?

—Siento que lo traiciono si pienso como pienso yo. Pero cuando alguien en la marcha dijo «mano dura». No, no, no es mano dura, no va por ahí. Y esas son las ideas de mi hijo. Creo que tenemos que barajar y dar de nuevo. La educación está mal, hay pocas oportunidades de trabajo. Julio decía que había trabajo basura, pero sin desmerecer, en el sentido que los tienen en negro.

— ¿Qué contacto tuvo con el Poder Ejecutivo?

— Nadie del Ejecutivo provincial me llamó, solo de la justicia y mis compañeros del hospital Cullen. La verdad esperé un gesto del Poder Ejecutivo, de la gente para la que yo laburo. El director del hospital Cullen estuvo al pie del cañón. Lloró conmigo, y el hospital entero estuvo a disposición. Así se trabaja también, por Julio y por el chorro que llega baleado, no se le pregunta nada a nadie. Se entra y se le intenta salvar la vida. A veces se puede, a veces no. A mi me tocó la que no.

Deberían laburar cuatro años y volver a su laburo anterior. En la Municipalidad habían empezado bien, pero se van dando pena. Si se piensa en la calles, las motos, y demás. El gobierno provincial invirtió en salud, hizo grandes obras, mejoró los hospitales, construyó centros de salud, pero nos quedamos ahí. La seguridad no la pudieron mejorar. Y a la justicia, creo que deberían enseñarles a investigar, la policía debería ser más profesional también. A partir de lo que te pasa no te ponés a pensar en todo lo que te pasa y ahí me siento con culpa porque nunca me ocupé de esto. De la salud sí porque es mi tema. Pero somos un país tan groso y lindo para vivir, pero si tuvieramos gente con buena leche, que labure para el otro pero yo hoy siento que laburan todos para ellos.

A un mes del asesinato de su hijo, Inés recuerda los ideales de su hijo y busca una ciudad más justa.

A un mes del asesinato de su hijo, Inés recuerda los ideales de su hijo y busca una ciudad más justa.UNO Santa Fe / Autor: José Busiemi

— ¿Cómo se lidia con el alto nivel de exposición que tenés a partir de la muerte de Julio?

—Me tocó ser como un símbolo espantoso en esto que pasó. Pero creo que el símbolo es mi hijo, fue él la gota que rebalsó el vaso. Hubo cinco mil personas que caminaron entre diez y quince cuadras hasta Casa de Gobierno. De la cantidad de gente que pasaba, no podíamos salir de la columna. Estuve media hora parada, me impresionó muchísimo la movilización. Después, me dolieron muchísimo las críticas, porque quieras o no, uno las lee en las redes sociales. La gente es mala, ahí te das cuenta que la desigualdad parte también de la misma gente. Y Julio odiaba los privilegios que él tenía, no lo hacía feliz tener cosas por las que no había trabajado para tener. Él con dos pares de zapatillas se arreglaba.

El nivel de exposición la verdad que no lo elegí yo, la gente fue la que pegó el grito de basta, y bueno fue con lo de mi hijo. Me siento responsable de responderle a la gente que me voy a ocupar de que alguien haga algo.

Fabiana que fue la que presenció todo está con licencia con estrés postraumático. Ella estaba muy mal, se sentía con mucha culpa. Eran dos, le tocó a uno. Podrían haber zafado los dos, o podrían haber muerto los dos. Lo que fue, fue lo que pasó. Y la gente hasta en eso es mala, porque nos dijeron hasta que si hubiera sido la empleada no sé si pasaba tanto lío. Es como que la gente busca la mierda en lugar de unirse para intentar mejorar las cosas. Atrás de la pantallita cualquiera es picante, pero pensá lo que ponés porque herís a la gente y a alguien que ya está con el ala rota.

— Además, se vio que estuviste acompañada de otras personas que pasan la misma situación.

—Estuve con Azucena, la mamá de Maxi. Una señora laburante, crió ocho hijos, de una sensibilidad y una sencillez, que le enseñó a sus hijos a salir adelante. Una familia muy humilde, con muchas necesidades y que ella se peló el traste para tener lo que tiene y darle a sus hijos la mejor educación. A lo mejor yo tuve otra suerte, que era de lo que renegaba mi hijo, porque tal vez arranqué desde un escalón más arriba porque heredé de mi padre y de mi abuelo. Azucena es un amor de mujer. Ese chico trabajó para tener su moto con su mujer, recién casados. Laburaba re bien en la mueblería, lo re querían, fue abanderado. Entregó la moto y lo acribillaron. Siento que nos tocó ser el símbolo de la injusticia, y somos dos mujeres que lloramos a nuestros hijos de la misma manera. Nos une la desgracia, es una cosa horrible.

También me contactó la mamá de Augusto Paulón. Por una foto le pegaron un tiro. La mamá de Lucas, que le metieron un hachazo en la espalda. Le habían robado y les pidió los documentos para no tener que hacerlos de nuevo y le dieron un hachazo. Tantas mamás… La del chiquito Diego Román de Recreo, estaba sola con la fotito de su nene, luchando sola porque no encuentran respuestas. Esta señora estuvo 60 días sin poder enterrar a su hijito. La mujer del policía Pablo Cejas, la hermana de la maestra de Alto Verde Vanesa Castillo, la mamá de Marianela Brondino. Son tantos los casos, las injusticias que están pasando. Y todo esto es prevenible. Se pudieron haber evitado estos llantos, estas familias desarmadas. Se hacen percha tanto las familias de las víctimas como las del victimario. No creo que estén contentos de tener un hijo preso, nadie puede estarlo. Es un delirio lo que estamos viviendo. Todos la estamos pasando mal.

—Expresás que recibiste muchas críticas, una de ellas fue por usar el pañuelo de la Campaña Nacional por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito. ¿Qué significa para vos?

—El pañuelo era una de las cosas que nos unían con Julio y a mi me criticaron un montón por eso. Es un tema que habíamos hablado bastante. Que obviamente no es pro aborto, sino es pro legalización del aborto. Nadie puede estar a favor de matar a nadie. Esto es lo que la gente no comprende. Tener un pañuelo verde no es querer que todo el mundo se haga un aborto, es un delirio. Es simplemente que no se muera la gente por hacerlo en cualquier lado. Que lo hagan seguros, que tengan contención. Porque perder un hijo es lo peor que te puede pasar, nadie puede estar a favor de matar a un hijo. Es una idiotez que a alguien se le ocurra pensar eso. Es que tengan la tranquilidad… pasan muchas cosas en el mundo, es ir acomodando.

Yo fui a la marcha el año pasado, me compré el pañuelo ahí. Julio me había pedido uno para su amiga Romi, pero como tenía miedo que me roben llevé poca plata y no me alcanzó. Él estaba en pro de las minorías, no quería ponerle nombre a las cosas. «Si es gay, lesbiana, pro pañuelo verde, son personas mamá», me decía. Teníamos charlas diarias sobre este tema.

En la marcha por seguridad tenía puesta una remera de Megadeth de él y el pañuelo, que lo saqué de la cartera porque no la iba a tener encima todo el día. Y era algo que nos unía. Porque es como que yo le hice un homenaje a él en decirle que voy a luchar por las minorías. Nada me va a hacer sentir bien, ni siquiera ayudar a la gente, pero bueno, es saber que estoy haciendo algo de lo que él quería y a lo mejor no lo pudo hacer porque no sabía cómo.

— ¿Cómo es tu vida hoy?

— Necesito volver a la rutina porque creo que es lo único que me va a sacar de todo este horror. Bueno, nada me va a sacar, pero me va ayudar un poco más. Y a seguir atendiendo a la gente en el hospital. Atenderlos con una sonrisa porque están sufriendo, que es lo que le digo a mi equipo: acá se los atiende y se les da una respuesta, nadie se va hasta que a la persona le podamos dar una respuesta. No tolero que la gente se vaya de mi oficina y digan que porque faltó fulanito algo no se hace. Si alguien falta se lo reemplaza, si hay que salir a comprar tornillos salgo a hacerlo. A nadie se le caen los anillos. A mi el trabajo en el hospital me encanta. Creo que educación, salud y seguridad tienen los peores sueldos de la provincia. Y ahí partimos de un error, en el que te das cuenta la importancia que tienen estos tres puntos para los políticos.

— ¿Julio vivía con ustedes?

— Vivía mitad acá, mitad afuera. Estaba mucho en la casa de su amiga Romi que lo contuvo este último año que andaba tristón. Se había peleado con su novia Mili, de muchos años, que fue el amor de su vida. Y Romi le hizo el aguante. Así que el almorzaba en casa, pasaba la siesta, trabajábamos juntos a la tarde y después se iba. Romi le dio refugio, es un encanto de nena. Estamos en comunicación permanente llorando juntas todo el tiempo porque es terrible lo que nos pasó. También estuve con Mili, con sus amigas. Estoy en contacto con todos sus amigos. Algunos son chicos que la luchan todos los días, que no tienen un mango y ese día se tomaron un colectivo desde Buenos Aires para venir volando para acompañarnos.

Los amigos no nos han dejado solos en ningún momento. El comité de crisis de mis amigas de siempre, que así se llama, no me dejan sola. Tienen horarios a turnarse, me invitan a tomar mates. El otro día les pedí que nos dejen solos, y nos quedamos los tres llorando. Ayer la despedida con Josefina –es la hermana de Julio que vive en Francia– fue durísima. Le digo a Julio –su marido–, que ahora sí es el auténtico nido vacío, y que no se va a llenar con nada. Pero bueno, iremos paso a paso, resolviendo las cosas como podemos.

Inés le muestra a UNO fotos de su hijo Julio en la computadora.

Inés le muestra a UNO fotos de su hijo Julio en la computadora.UNO Santa Fe / Autor: José Busiemi

Queremos vender el negocio de Urquiza porque eso nos ayudaría a estar juntos nosotros. La verdad es que me encantaría que alguien lo deje así como está y que entienda que mi hijo lo quería tanto que dio la vida en ese lugar. Que era su lugar, y que respete la memoria de él. Pero bueno, no es tan fácil vender un negocio de un día para el otro. Y empezar a tratar de disfrutar de la vida porque la verdad que todo lo que hacíamos lo hacíamos por nuestros hijos. Josefina ya tiene su vida armada, Julio ya no nos necesita más, salvo para la lucha esta que creo que no sé si voy a llegar a algo pero lo voy a intentar. Laburamos tanto toda la vida, y que te arrebaten a tu hijo así… que todo lo que uno hacía era para ellos es como que hasta perdió sentido nuestra vida. Creo que tratando de ayudar a la gente es encontrarle un sentido a las cosas. No sé cómo todavía, estoy muy shockeada.

Intenté vaciar el cuarto de él. Ya estaba vacío el de la hermana, ahora está vacío el de él. Es un delirio. Supongo que hubiera sido mas fácil si se hubiera ido. Ese mismo día le íbamos a alquilar un departamento a él. Mi marido normalmente lo esperaba al mediodía para almorzar acá, y ese día teníamos una entrevista a las 14 para ver un departamento. A las 13.30 le pagaron el tiro. Así que 13.45 le mandé un audio a la chica de la inmobiliaria para decirle que estaba en la guardia del Cullen porque habían asaltado a mi hijo y que después me comunicaba. Pobre chica, nunca más supo de mi.

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