Nadie la vio venir, y nadie la anticipó: y nosotros menos que nadie. Ni el momento, ni la decisión en sí. Y el que diga lo contrario, miente. Aunque seguro ya estarán los de siempre contando «los detalles secretos» de la decisión.
Cristina anuncia que no competirá en las elecciones como candidata a presidenta, sino como vice de una fórmula que encabezará Alberto Fernández, vuelto al redil kirchnerista tras años de distanciamiento; pero hoy principal armador político del frente en ciernes entre el kirchnerismo, buena parte del peronismo y otras fuerzas políticas. Así cobra pleno sentido el «en el lugar que sea» de Cristina en el PJ el miércoles pasado.
La jugada es audaz e inesperada, tanto como riesgosa: existe la posibilidad de que no siendo Cristina la que encabece la fórmula, y aun cuando la integre, no se logre traspasarle todo el caudal electoral posible de captar si la candidata fuera ella. Pero de eso se trata también la conducción política: de mostrarse capaz de asumir riesgos.
Uno debe suponer -solo eso, suponer- que todos los riesgos posibles están medidos tanto como es posible medirlos; lo mismo que la posibilidad de que Sergio Massa -que hasta acá vino navegando a dos aguas, sin definirse en que espacio aterrizar-, en estas condiciones, se avenga a participar de una PASO del principal espacio opositor, suponiendo que puede ganar; cosa que con Cristina en el primer término de la fórmula era imposible.
No faltan quienes empiecen a hablar (de los dos lados de la grieta) de la reedición del «Cámpora al gobierno, Perón al poder» del 73′, haciendo rápidas analogías históricas que no siempre son acertadas: el primero que hizo punta fue el impresentable de Hernán Lombardi en su cuenta de Twitter. Pero los tiempos cambian, las circunstancias también, los contextos son diferentes; y la comparación no necesariamente nos favorece, para ser francos.
La decisión de Cristina modifica las hipótesis no solo en el campo propio, sino también en el del gobierno y en el del resto del espectro presuntamente opositor, sobre todo allí, y por eso adquiere otro valor: cuando arrecia el fuego judicial a Cristina, ella se corre del centro de la marquesina, obligándolos a recapitular estrategias, y repensar que hacer. Si Cristina no es candidata a presidenta ¿lo será Macri, al que le vienen pidiendo en todos los idiomas que se corra y no compita, o por el contrario al no ser ella, se desinflarán las presiones para que no lo sea él, que es el peor candidato que puede presentar el oficialismo? 
¿O acaso la decisión de Cristina tiene que ver con eso, porque sabe que Macri no será candidato, o es independiente de los movimientos del oficialismo? No hay modo de saberlo, y todo lo que se diga al respecto son simples conjeturas, pero lo real es que la pelota (y el quilombo) están ahora en campo contrario.
Puestos a especular, no parece que los avatares judiciales que debe enfrentar Cristina hayan influido en la decisión, tratando de evitar correr la misma suerte de Lula: las chances de que intenten privarla de la libertad para impedirle competir, y las posibilidades de que lo logren (para lo cual deberían obtener una mayoría agravada en el Senado para el desafuero) son las mismas, cualquiera sea el lugar que ocupe en la fórmula. O por el contrario, acaso hayan evaluado que de este modo en Comodoro Py las cosas se vean distintas y aflojen la presión, todo es posible y opinable. 
Nosotros creíamos (es más estábamos seguros) que la candidatura presidencial iba a recaer en ella,  porque nos parecía que sus propias señales iban en ese sentido, porque además era nuestro deseo y -sobre todo- porque consideramos que la gravedad de la crisis hizo que la principal cuestión pasara de ser como ganar las elecciones, a como gobernar el país después del desastre que deja Macri, y quien estaba realmente en condiciones de hacerlo. Algo de eso (bastante, en realidad) dice Cristina en el video.
Creíamos también que sería candidata por su enorme sentido de la responsabilidad histórica, sin advertir que éste no solo se satisface de un único modo, siendo ella candidata a presidenta. Y a fuer de ser honestos, debemos admitir que muchos compañeros, tan kirchneristas como nosotros, sostenían con razones atendibles que no debía serlo. Pero por eso ella es quien es, y es la que indiscutiblemente conduce; ya no al kirchnerismo, sino a la parte más amplia e importante del peronismo, y sin dudas a la oposición real al gobierno de Macri.
Frente a su anuncio, ya se conocen las reacciones de los que aspiraban a una candidatura dentro del mismo espacio: Agustín Rossi alineándose con la decisión y bajando la suya, Scioli ratificando que tiene su decisión tomada y competirá en las PASO. Nada que reprochar: el propio Consejo Nacional del PJ en su cuenta de Twitter salió por un lado a reconocer el gesto de Cristina, y por el otro, a señalar que las puertas están abiertas para todos los que quieran competir.
Comienza a partir de hoy una nueva etapa, con la principal incógnita despejada; una etapa que exigirá de la militancia un enorme grado de madurez política, para estar a la altura de la decisión que tomó Cristina: ayer nomás compartíamos en esta entradareflexiones que no nos pertenecen pero que hacemos propias a propósito de la elección en Santa Fe, que nos parecen enteramente aplicables al caso nacional. Es el momento de hacer realidad aquello de «Cristina o el que diga Cristina», que además va en la fórmula.
Claro que somos concientes que una cosa es la militancia, y otra es la gente de a pie, pero precisamente de eso se trata militar: trabajar para convencer y persuadir no a los que ya están convencidos y por eso militan (aunque a veces sin sentido de la organicidad), sino a los que dudan o descreen.
Cada uno puede tener en su fuero íntimo la convicción propia respecto a si la decisión de Cristina fue o no acertada, pero tiene la obligación moral y política de sostenerla militando, porque es el modo que ha elegido la conducción para dar la pelea en esta difícil coyuntura histórica del país, predicando con el ejemplo (como dice el video) aquel apotegma  contenido en la octava de las 20 verdades peronistas: «Primero la patria, después el movimiento, y luego los hombres». O las mujeres.

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