Edificio de esos nuevos, que tienen patios, piletas, terrazas en común. Custodia al ingreso, «pequeños paraísos» para una clase media acomodada dentro de la ciudad. Nadie juzga el derecho a vivir bien, menos sí lo han hecho laburando.

Hasta antes de la pandemia, todo era armonía. Chicos jugando, vecinos compartiendo dentro del complejo de casi una manzana, en pleno centro de la ciudad.

Pero llego el coronavirus. Ella es médica, vive con dos hijos pequeños, está separada, mina piola que no dudaba en atender a sus vecinos por cualquier caso en forma gratuita. Ella ahora está en la trinchera en el hospital publico, por lo cuál la mujer que la ayuda se quedó con ella para cuidar a los niños durante el aislamiento obligatorio.

Mónica toma todos los recaudos y hasta se permitió dejar cartelitos con consejos para sus convivientes en el complejo.

Se emocionaba con los aplausos a las 9 de la noche. pero el tiempo pasa y saca en muchos casos lo peor de la gente.

No es fácil el aislamiento para los chicos, todos se pusieron de acuerdo de subir un par de horas con los hijos a la terraza, tomando recaudos (tapa bocas y guantesitos). De pronto, Elsa (la niñera que ayuda a Mónica) le comenta que cada vez que lleva los chicos a la terraza el resto se retira.

Monica plantea en el grupo de wasap del consorcio sobre esta situación y la respuesta es brutal: «tenemos miedo que tus hijos cómo trabajas en el hospital contagien a los nuestros»

Clarita de 9 años se dá cuenta de la situación y en un momento de angustia le pregunta a su mami: «mami estoy enferma?, me voy a morir? No quiero subir más a la terraza para no contagiar a nadie !.

Mónica estalla en llantos. Le explica que no están contagiados, que los enfermos…son los padres y madres de sus amiguitos.

Suenan de nuevo los aplausos a las 9, y ella se sonríe, son tan cobardes que no le dejan carteles por temor hacer escrachados, NO, la atacan por su miedo, ignorancia y discriminación adónde más le duele, sus hijos.

Monica se comunica con la inmobiliaria que le alquiló el depto, y le anticipó que no va a renovar el contrato cuándo se termine el aislamiento, y no puede dejar de comparar el agradecimiento y cariño de los más pobres que atiende en el hospital, «los negros, brutos» y él trató que recibió de los «educados, que viven hablando mal de ellos».

 

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