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domingo, septiembre 20, 2020

La bonaerense

Facundo Castro: los diálogos policiales que abrieron las sospechas

Página/12 accedió al expediente del caso. Allí figuran las conversaciones entre policías bonaerenses que abonan la hipótesis familiar sobre las responsabilidades de esa fuerza.
Imagen: Télam

“Bueno quedate tranqui Janita nadie sabe que fuimos nosotros, aparte es como dice el jefe nosotros hicimos nuestro trabajo”. Esto le dijo el policía Mario Gabriel Sosa a su compañera de armas en la Bonaerense Jana Jennifer Curuhinca el 3 de julio a las 11.39, cuando la desaparición de Facundo Astudillo Castro ya había llegado a los medios. Ambos revistan en la comisaría de Mayor Buratovich y son quienes detuvieron al joven en la ruta 3 a las 10 de la mañana del 30 de abril, cuando se dirigía a dedo hacia Bahía Blanca. Tanto ellos como los policías del siguiente pueblo, Teniente Origone, dijeron que lo dejaron seguir, que le hicieron la infracción por circular sin permiso en violación de la cuarentena, pero en los pocos mensajes rescatados en la investigación –el resto fue borrado por ellos mismos–, queda en evidencia que hasta dudaron del protocolo aplicado. Sobre ellos y otros dos uniformados pesa el pedido de detención de la familia de Facundo. Página/12 accedió a los documentos del expediente del caso para reconstruir lo que hay y lo que falta, en consulta con fuentes independientes, en una investigación donde aparecen más elementos del encubrimiento que del crimen, algo que técnicamente forma parte del complejo delito de desaparición forzada de persona.

A pesar de lo explícito de algunos diálogos, la fiscalía rechazó la solicitud de Cristina Adriana Castro Alaniz para que sean imputadas dieciseis personas, entre ellas cuatro policías y funcionarios del municipio de Villarino, por haber armado una asociación ilícita con el objetivo de encubrir el crimen. La justicia no encontró mérito para indagar a los policías Gabriel Sosa y Jana Curuhinca, por ejemplo, por estos dichos: «La oficial Curuhinca le expresa a Sosa su preocupación de que los desafecten durante la investigación, a lo que Sosa le responde «no creo, que se dejen de joder». Entonces ella replica, «sí, por eso, pero como dice que tres testigos vieron cómo lo subíamos al patrullero en Burato y lo llevábamos eh y cómo lo hostigamos y toda esa cosa digo bue (…) yo preguntaba para no venirme ver el sogazo de golpe, estar alerta aunque sea para tomarme unas vacaciones jaja«.

«No tenés idea dónde estoy»

A la historia de este joven de 22 años –que amaba la batucada, trabajaba en changas y era parte del grupo Semillero Cultural-Jóvenes y Memoria– los medios llegaron cuando ya había empezado. Facundo había convivido con su novia Daiana González un par de años en Bahía Blanca pero en febrero se separaron y él volvió a su pueblo, Pedro Luro. Comenzó a trabajar con su amigo Juan en una cervecería artesanal, y fue un tiempo feliz que se interrumpió abruptamente por la pandemia.

Facu, a quien llaman Kufa, se bajoneó un poco por el encierro, según relató su mamá Cristina Castro , y decidió volver a Bahía Blanca con la ilusión de reestablecer la relación con su expareja. Puso en su mochila algunas pertenencias, entre ellas la sandía con la vaquita de San Antonio que le había regalado su abuela, Ramona Alaniz, ya fallecida, y la mañana del 30 de abril salió a la ruta haciendo dedo, sin permiso de circulación. Cristina estaba trabajando en la estación de servicio Shell cuando recibió el aviso de la policía. Por eso discutieron cerca de las 13 cuando Facundo la llamó, y él le dijo: «Mamá, vos no tenés idea adónde estoy, no me vas a volver a ver». Cristina repasa esas palabras. “Tendría que haber advertido que me dijo ‘mamá’ porque ellos siempre me llaman ‘bruja’. Lo reté muchísimo, le dije que iba a tener multas y que otra vez estaba volviendo con su exnovia con la que había terminado tan mal, estaba furiosa”, relató Cristina.

Cuando Facundo estaba con Daiana era usual que no se comunicara por varios días, pero nunca se desconectaba de los amigos, era muy activo en las redes sociales. Ellos eran el nexo entre la exnovia y Cristina. La joven les contó que Kufa nunca había llegado a Bahía Blanca y los pibes avisaron a la familia. Durante los días posteriores ocurrió la intensa búsqueda casa por casa de todos sus conocidos, en Luro y en Bahía, las primeras invocaciones por su desaparición en las redes. Sin resultados decidieron hacer la denuncia en la justicia provincial, que investigó el «paradero» de Facundo con la Policía Bonaerense como auxiliar, siendo que la familia apunta a esa fuerza como la principal sospechosa de la desaparición. Uno de los testigos declaró que fue tres veces a hacer la denuncia, no lo atendían y luego se la tomaron en un papel de rotisería. «Se ganó el loto y anda de putas en Burato», le dijo el oficial Grilloni.

Entre Burato y Origone

Cristina lo sintió en lo más profundo de su cuerpo, cuando les cruzaron los patrulleros en la entrada de Buratovich, a su hijo le había pasado algo malo y esa gente tenía que ver. «Señora usted no tiene nada que hacer acá», le dijo el comisario Navarrete. Fue en el fallido rastrillaje con los perros adiestrados en reconocimiento de cuerpos humanos de Marcos Herrero, el 16 de junio. A las pocas horas vendrían los policías a declarar lo que habían callado hasta ese momento: que una oficial femenina lo levantó y lo dejó en Origone, que allí lo vio otro policía, lo volvió a parar pero sin impedir que siguiera viaje, que le sacaron una foto a su carnet de conducir y anotó la patente de la camioneta a la que se subió. Los únicos testimonios en la causa provincial eran policiales, eran contradictorios entre sí y Facu no aparecía. Cristina acudió a Luciano Peretto Ithurralde, quien convocó a su colega Leandro Aparicio, abogado del caso del desaparecido Daniel Solano. Presentaron ante la justicia federal la denuncia por desaparición forzada, que fue acompañada por la Comisión Provincial por la Memoria (CPM).

Denuncias como pruebas

«Hemos efectuado distintas presentaciones denunciando irregularidades y delitos en el marco de la presente causa», dijo la familia en el escrito en el que pidió detenciones de policías y que se investigue a funcionarios del municipio de Villarino. Uno de los delitos fueron las amenazas al abogado Peretto por el subcomisario Pablo Reguillón. «Del análisis de centenares de testimonios, de la prueba técnica (informes de celulares, secuestrados, AVL, libro de guardias), y por sobre todo las diligencias practicadas por el perito de parte Marcos Herrero en 31 de julio de 2020 en la comisaria de Teniente Origone y las realizadas en las dependencias de la policía Federal en relación a 3 rodados secuestrados, el análisis de los 900 fojas del expediente provincial y del presente expediente, junto con las informaciones emanadas del medio La Brújula, tomamos real dimensión de lo que aconteció para efectuar la presente denuncia».

Tanto desde el gobierno nacional como provincial declararon sobre el caso que si hay responsabilidad estatal «nadie será encubierto». Para la familia de Facundo el encubrimiento comenzó el primer día y va por su quinta etapa, y sería un mecanismo permanente para exonerar a la Policía Bonaerense y diluir las responsabilidades políticas y judiciales, abonando la tesis de un crimen cometido en Bahía Blanca por privados vinculados al entorno de la exnovia. De hecho, sus hermanos fueron visitados por los policías Grilloni y Dumrauf sin orden judicial «hostigándolos para que reconozcan la existencia de algún crimen para con Facundo». El menú incluye testigos «inducidos» que plantan pistas falsas en algunos casos y en otros van modificando su relato –«las declaraciones armadas por la policía hablan de personas depresivas, que se llevan mal con la madre con la novia, con la vida y salen a dar vueltas sin rumbo por los caminos»— rumores malintencionados sobre Facundo, su familia y los abogados Aparicio y Peretto y las constantes dilaciones de la fiscalía federal de esa ciudad, todo apuntado a cuestionar los elementos que fue aportando la familia. A saber

Sandía con vaquita

«Llegaron a decir que la mamá había plantado el souvenir, pero no dicen que de ese procedimiento además de los perros de Herrero participaron los canes del Ministerio de Seguridad de la Nación», explican los abogados Peretto y Aparicio. En base a este hallazgo se cayó la versión de uno de los policías, el oficial Alberto González, que dijo haberlo registrado en la ruta y dejado seguir con destino a Bahía Blanca, quien primero dijo que lo vio subir a una camioneta y luego declaró que el chico se fue caminando; y quien tenía anotada la dirección exacta de la exnovia de Facundo y los datos de la otra testigo cuestionada por la familia. «Facundo estuvo detenido en esa repartición y González ha participaddo de acciones tendientes a consolidar su condición de desaparecido», dijeron al pedir su detención e indagatoria. Y presentaron una lista de personas que pueden atestiguar sobre el amuleto, regalo de la abuela Ramona Alaniz.

La hipótesis de la familia es que Facundo fue desaparecido por personal de la policía de la provincia de Buenos Aires el 30 de abril entre las 15.30 y 16 cerca de Mayor Buratovich cuando fue interceptado por un móvil policial con dos integrantes, hasta el momento no identificados porque a más de 100 días aún no está en el expediente la información sobre los teléfonos y demás datos para su geolocalización. «A partir de ese momento se comenzó a ejecutar el encubrimiento por una asociación ilícita de policial, personal judicial y civiles con el fin de encubrir el crimen, direccionar la investigación por medio de la policía de Villarino, borrar la mayoría de las pruebas que pudieran incriminarlos incluyendo la adulteración de informes de tránsito y difusión de noticias falsas a través del medio La Brújula que distorsiona datos de la causa a la que accede antes que la familia, y viola la identidad de testigos», expresaron. En tal sentido, denunciaron también a integrantes de la fiscalía por filtrar información.

El fiscal federal Santiago Ulpiano Martínez rechazó el pedido de detenciones que hizo la familia y adujo que «no hay indicios suficientes para incriminar a los policías», pero sí los había una semana antes cuando él mismo solicitó esas detenciones, que la jueza rechazó por falta de fundamentos «objetivos», tal como verificó este diario en los respectivos escritos. «Se me negó en todo momento la fotografía de mi hijo frente al móvil policial, pero cuando pasa a federal esa foto aparece en La Brújula y luego en otros medios nacionales, siempre con el dato falso de que esa era la última vez que se lo vio a Facundo», cuestionó Castro.

Informe trucho

El fiscal sí accedió a enviar a la justicia la denuncia contra los funcionarios municipales de Villarino, acusados de haber entregado un informe de tránsito falso, que para la familia tuvo un doble impacto: invalidar los dichos de sus testigos que señalan a la Bonaerense, e introducir en la causa a la famosa testigo E.R. que viajó el 27 de abril y no el 30, y que nunca estuvo segura de haber llevado a Facundo hasta que la presionaron. El otro aporte clave lo dio el 18 de junio José Galarza, cuando declaró que vio a Facundo en Cerri, cerca de Bahía Blanca, que hasta habló con él. Se trata de un ex policía con carpeta psiquiátrica que no pudo terminar su testimonio ante el fiscal Andrés Heim (Procuvin) le advirtió que se estaba incriminando. El pedido de secuestro de su celular duerme en un cajón de la fiscalía. Pero lo más grave es que Martínez no advirtió una casualidad llamativa: los policías federales incorporaron a esa testigo a partir del dato aportado por… los mismos policías bonaerenses que lo detuvieron en Villarino, Sosa y Flores. «Es evidente que el falso informe vino a abonar este plan sistemático de difundir y alterar pistas», dijo Cristina Castro en su denuncia.

A borrar, mi amor

El mismo día que desapareció Facundo, a las 20.26 desde su teléfono fue enviado un mensaje de texto a su amigo Juan, con quien trabajaba en la cervecería. El joven declaró en la causa que le pareció raro porque Kufa nunca usaba ese medio. «Diría que no fue escrito por él, me hubiese puesto «gordo el tubo se me quedó sin señal, está muerto».

Las transcripciones de los diálogos entre los policías son parciales porque el 80 por ciento de los audios y capturas de pantalla fueron borrados, además de que una de las policías desactivó el WhatsApp el 8 de mayo, mucho antes de que el caso cobrara resonancia. Se trata de Siomara Flores, medio hermana de Curuhinca, y es la policía que dijo que lo llevó de Buratovich a Origone en un horario que coincide con llamada que le hizo Facundo a su mamá, pero justo en esa parte donde dice haberlo dejado, «en cercanías de la curva peligrosa», no hay señal de celular. Para la familia estas fueron maniobras encubridoras, no así para el juzgado. «De los diálogos se advierte la intención de colaborar con la pesquisa, el deseo de que aparezca o se encuentre a la víctima, la preocupación por verse involucrados y el enojo por las versiones que los sindican en la prensa», analizó la jueza. «Sosa al afirmar que nadie sabe que fuimos nosotros se refería a que la prensa no conocía los nombres de quienes labraron la infracción por violación a la cuarentena», concluyó, en sintonía con la interpretación que dio la División Búsqueda de Prófugos y Personas Desaparecidas de la Policía Federal.

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