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lunes, agosto 3, 2020
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La abuela que protege a sus nietos de las balas perdidas bajo colchones….

La historia de Hilda, la mujer que se protege de las balas de sus sobrinos con colchones en la ventana

Hilda tiene 68 años y vive en su casa del barrio Estanislao López atrincherada para protegerse de las balaceras. Tapó la puerta de ingreso con una escaladora y las ventanas de su cuarto con colchones.

La historia de Hilda es cuanto menos inquietante. La mujer tiene 68 años. Nació y vive desde hace 50 años en el mismo barrio -antes La Gran China- hoy Estanislao López. Su esposo de toda la vida murió y desde hace unos años la mujer vive sola en su casa de Cafferata 8600 detrás de la cárcel de Las Flores, a media cuadra de donde hirieron de arma de fuego este miércoles a un tal «Juancito».

La puerta de entrada al negocio por la que ingresaron varias personas a refugiarse de los disparos hoy está cerrada y asegurada por una escaladora

La puerta de entrada al negocio por la que ingresaron varias personas a refugiarse de los disparos hoy está cerrada y asegurada por una escaladora

La semana para Hilda transcurrió entre cascotazos y fuego cruzado hasta el miércoles por la tarde en que las corridas y los tiros volvieron a apoderarse de la cuadra y varias personas se refugiaron en el negocio de ropa que tiene Hilda al frente de su vivienda. Cuando las cosas se calmaron, la vecina se encerró en su casa, tapó la puerta con una escaladora, las ventanas con colchones y almohadas y habló con Bruno Ballesteros e Ignacio Laurenti en Emergencias 911 por Aire de Santa Fe.«Yo estaba en el negocio antes de las 19, se metieron todos en mi casa. Ayer hubo una balacera y antes de ayer otro. Mi sobrino vino a cobrar el IFE y lo acusaban ami nieto de que lo había cobrado en su lugar.»

Hilda pone argumentos a todos sus relatos salvando esa necesidad de los seres humanos de encontrar justificaciones a todo. En su caso particular, la mujer tiene más de 30 piedras depositadas en su techo producto de los ataques entre bandas antagónicas, disparos en las columnas de su casa y tiros en las puertas y neumáticos de un auto estacionado.

La entrevistada conoce a los violentos: son sus sobrinos. «Son mis parientes, viven así, tiene siete casas usurpadas. hasta con mi casa se quisieron quedar, es linda. Me casé a los 15 años, estuve 50 años casada con mi esposo. Levantamos la casa que tengo. Yo tendría que haber cerrado mi negocio pero ayudo a mis hijos y a mis nietos. Colaboro con todo lo que puedo, hasta con la copa de leche del barrio.»

Las usurpaciones de las que habla Hilda con tanta naturalidad son el inicio de negocios encadenados. Echan a los vecinos de sus precarias viviendas, toman los terrenos, luego los venden y con el dinero que obtienen de las transacciones operan como prestamistas.

El drama de vivir en la tierra de nadie

Este miércoles, el Cafferata 8600 un hombre de 33 años recibió con un disparo en la pelvis. Fue atendido en el Hospital cullen e intervenido quirúrgicamente. Hilda lo conoce como Juancito y asegura que además de las bandas, las usurpaciones y los préstamos ilegales, al barrio Estanislao López lo cambió el comercio de estupefacientes.

«Ayer me dijeron que se iban a quedar con mi casa, tengo 68 años, estoy sana, tengo la fuerza y voluntad de seguir luchando. Nací y me crié en el barrio, esto cambió desde que entró la droga, el infierno es las sustancias que consumen.»

La mujer contó que los hijos de sus sobrinos están educados con violencia y maldad, te ven y te amenazan haciendo ademanes como si tuvieran un arma. «Mi hijo hacía dos días que está encerrado amenazado de muerte: no es un santo, tiene 41 años y no puede salir de su casa.»

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