CURSO DE DEMOCRACIA PARA PRINCIPIANTES

En breve se cumplirá un año de las elecciones presidenciales del año pasado. Porque aunque muchos se olvidaron, el año pasado hubo elecciones, y como siempre pasa en esos casos, alguien ganó.
O sea, el que juntó más papelitos que los demás, con su nombre puestos adentro de un sobre que estaba junto con otros sobres con los mismos papelitos, adentro de una urna, y así en miles de sobres y de urnas a lo largo y a lo ancho del país, y en base a un recuento provisorio que se hace en cada mesa con presencia de fiscales de los partidos políticos, y luego en la justicia electoral, es el elegido presidente por el voto popular.
Y si no les gusta el resultado, o no les gusta que ese candidato a presidente que terminó ganando iba acompañado con una candidata a vicepresidenta que les gusta menos aun que el resultado, es un problema de ustedes, no nuestro, ni del resto de la sociedad argentina: para que las cosas fueran distintas, habría que modificar la Constitución, y disponer que ya no vivimos en democracia.
O intentar quebrarla, tumbando a ese gobierno, y poniendo uno a dedo que les guste, sin intervención del voto ciudadano; que es algo que algunos tienen ganas de hacer, y cada día les cuesta más disimular. No es muy difícil de entender. De hecho es tan sencillo, como el hecho de que el que gana gobierna, y que pierde, acompaña si está de acuerdo, y se opone si no está de acuerdo: hasta ahí creemos que no es muy complicado, y hasta un manifestante anticuarentena que no cree en la existencia del coronavirus, lo puede comprender.
Lo que es difícil de entender es que no entiendan que el que gana, trata -en la medida de lo posible- de gobernar aplicando su propio programa de gobierno, que no es ni más ni menos que lo que le propuso a la ciudadanía en la campaña electoral, para ganarse su voluntad, y terminar juntando el mayor número de papelitos. Y si lo logró, lo puede llevar a cabo.
Incomprensible es, en cambio, lo que acá en la Argentina, en los medios y en la oposición mayoritaria, se naturaliza: la insólita pretensión de que el que ganó aplique el programa del que perdió, que justamente perdió, porque la gente a la hora de votar, rechazó ese programa. Es como que un partido de fútbol lo ganara el que hizo menos goles, y si ese partido era una final, le den la copa al que perdió: seguramente en ese caso todos protestarían diciendo que la decisión es absurda.
Y si de fútbol hablamos, tampoco estamos ante un caso de mala inclusión de jugadores, o de dópping positivo que motive reclamos que deba resolver algún tribunal: a menos que no nos hayamos enterado, nadie adujo que en las elecciones del año pasado hubiera fraude, y de haber sido así, el de Macri hubiera sido un caso único en el mundo de un gobierno que organiza un fraude, para perder.
Porque por si alguno no se acuerda, cuando se hicieron las elecciones del año pasado, los que hoy son oposición eran gobierno, y por ende les cabía la responsabilidad de organizar la elección y garantizar su transparencia. Y por si también lo olvidaron, el por entonces presidente iba por su reelección, con lo cual la elección se terminó convirtiendo en un plebiscito sobre su gestión, con los resultados conocidos.
De modo que hablar ahora de pactos y consensos a largo plazo, cuando esos pactos consistirían en hacer lo que quieren los que perdieron las elecciones, e impedir por todos los medios que los que las ganaron apliquen su programa, suena a todas luces absurdo. Pero por absurdo que parezca, en esos términos -palabras más, palabras menos- está planteado hoy en la Argentina el debate político, por parte de la oposición.
Y si no nos creen, hagan la prueba: saquen del medio del análisis el enojo de esa dirigencia política opositora y de su núcleo duro de votantes con el resultado de las elecciones del año pasado, y vean que queda como fundamento de los bochornos en el Congreso, de las manifestaciones anti-todo de los bolsones psiquiátricos del electorado o de las «rebeliones» varias de los que dicen que no van a acatar las normas y directivas del gobierno, en medio de la pandemia. Tuit relacionado:

Comentarios Facebook