Cuando en la madrugada del lunes comentábamos en esta entrada los resultados de las PASO, decíamos que «Restará por verse de acá en adelante (además de seguir militando para refrendar la victoria en octubre) como procesa el gobierno la debacle electoral: recordemos que aun el abúlico y depresivo De La Rúa no vaciló en apelar a la represión indiscriminada, cuando la crisis que se terminó llevando puesto a su gobierno generó las lógicas y previsibles protestas sociales. 
Por lo pronto, la imagen que ofreció anoche Macri mandándonos a dormir a los argentinos mientras su gobierno no nos contaba con cifras oficiales quien había ganado la elección no solo no era la de un candidato capaz de revertir el resultado, sino que tampoco era la de un presidente capaz de lidiar con la crisis que él mismo ha creado, en lo que le quede de mandato.»

Y el presidente del que nada se esperaba, nada dio, o sí: llevó el discurso sicótico hasta el límite, culpando a la oposición de la debacle financiera de su gobierno, por haber ganado las elecciones. Es decir que la culpa de lo que era desde el principio un endeble castillo de naipes se derrumbara es. en última instancia, de la democracia, el voto y los electores. El presidente CEO confunde una elección democrática con una asamblea de accionistas, o una rueda de negocios de la bolsa: ¿cómo la democracia va a desairar la opinión de los mercados?, parece preguntarse.
También lo dijo con poco pudor Pichetto (asido ahora hasta el final a los restos del naufragio macrista) cuando llamó a que pensáramos la consecuencia de lo que votábamos; es decir que el resultado de la sesuda reflexión del gobierno post urnazo será salir a extorsionar a los votantes de acá a octubre, amenazándolos con un desastre si gana el «Frente de Todos». 
Lo cual confirmaría que para el macrismo un gobierno es eso que pasa entre echarle la culpa a la herencia recibida del gobierno anterior, y echarle la culpa del desastre al gobierno futuro, pero jamás hacerse cargo de la parte que les toca; que en este caso es toda. Pues bien, con ese discurso siquiátrico no hay que perder un segundo en discutir, no solo porque es absurdo, sino porque el domingo fue repudiado de modo contundente por las dos terceras partes de los argentinos.
Porque a diferencia de ellos, nosotros sí creemos en el valor de la democracia, tanto cuando ganamos, como cuando perdemos. Sobre todo cuando perdemos, que es la asignatura que estos muchachos tienen pendiente, en un boletín democrático repleto de ceros.
Desde el domingo a la noche hasta que Macri habló ayer a la tarde los comunicadores del régimen (esos que están arrojándose a los botes desde la cubierta del Titanic) están llamando a la responsabilidad de la oposición, y le piden al gobierno que la convoque para negociar la transición; y hasta hablan de un posible cogobierno hasta diciembre.
Por si todo eso no implicara un profundo disparate también atentatorio contra la democracia (al fin y al cabo, el pueblo votó un cambio, ¿o eso solo juega cuando perdemos nosotros?), ayer Macri cortó toda posible tratativa en ese sentido: volvió a cargar las tintas sobre los que antes del comicio llamó «enemigos del cambio», y calificó como delincuentes, mentirosos, manipuladores y otras lindezas por el estilo.
Pues bien señores, ustedes son los que gobiernan, este desastre es todo suyo, les pertenece con exclusividad y nosotros no tenemos nada que ver con él. Más aun, en lo que al kirchnerismo estrictamente se refiere (al que ayer Macri le apuntó los dardos), fue oposición consecuente y sistemática a este gobierno desde el primer minuto; y no se le puede reprochar su apoyo a ninguna de las medidas que nos trajeron hasta acá, a las que otros aportaron como «dadores voluntarios de gobernabilidad».
Por otro lado, en medio de los desastrosos resultados de la gestión, el macrismo se jactaba de llegar a ser el primer gobierno electo no peronista que culminaba normalmente su mandato desde 1928: esperemos que por lo menos cumplan con esa promesa, de todas las que hicieron y rompieron. 
Sin echarnos la culpa de nada a nosotros, porque se los están llevando puestos los intereses que ustedes mismos engordaron con ganancias fabulosas en estos cuatro años, y no el voto de la mayoría del pueblo argentino; que lo único que hizo fue ejercer su derecho de elegir por sí mismo sus propios destinos, más allá de la opinión de «los mercados», eufemismo de uso común para referirse a los núcleos de negocios del gobierno, sus funcionarios, sus socios y aliados, y los intereses a los que expresa.
Como dijera uno que seguramente a ustedes les gustaría, tienen que llegar hasta diciembre, aunque sea con muletas; no sea cosa que de acá a unos (como acostumbran) pretenden legitimarse reescribiendo la historia, y diciendo que cayeron víctimas de una conspiración peronista; como suelen hacer. Ya tuvimos homenajes póstumos a De La Rúa, lo único que nos falta son homenajes póstumos a Macri, el incomprendido.
A otro perro con ese hueso, y parafraseando al hoy caído en desgracia mago electoral Marquitos Peña, cuando en otros tiempos la porongueaba gritándole en el Congreso a Axel Kicillof: «¡Háganse cargo!». Tuits relacionados:

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