BASTA DE BOLUDECES

La pandemia lleva ya ocho largos meses, más o menos los mismos que lleva el «impuesto a las grandes fortunas» siendo anunciado, y aun no está aprobado, vigente y pagándose. De modo que esos afortunados que deberían pagarlo -si sale y no lo judicializan con éxito- no contribuyeron un carajo a que atravesemos la pandemia.

De hecho, como bien señala acá Claudio Scaletta en El Destape Web,  «…Desde una perspectiva teórica vale recordar que los impuestos no financian nada, solo “queman” el reflujo de dinero iniciado por el Gasto. El Gasto público es el flujo, los impuestos son el reflujo. Es una cuestión temporal. Siempre se gasta antes de recaudar. Los déficits no se financian porque cuando aparecen registrados ya fueron financiados. Los impuestos son unos de los instrumentos para retirar el dinero excedente.» 

«Es en este sentido que los teóricos de la moneda moderna hablan de que los impuestos “queman dinero”. En el camino se los puede usar para redistribuir ingresos, promocionar sectores o alentar o desalentar conductas sociales. Pero lo que no hacen es financiar el gasto. Los mayores gastos demandados por la pandemia, como el IFE y la ATP, ya fueron financiados, no los financiarán las 9000 mayores fortunas. Lo que está claro es que al momento del reflujo impositivo es mucho mejor quemar el dinero de los más ricos que el de los más pobres.»

De hecho es muy probable que los posibles obligados a pagar el impuesto judicialicen la cuestión para zafar, y conociendo a nuestro oprobioso poder judicial, es altamente posible que lo consigan; así que no hay nada que agradecerles porque no se trata de un gesto de solidaridad, sino de un impuesto, votado por ley, como manda la Constitución: placas y homenajes, a otros.

Por ejemplo a los jubilados, que tienen que conformarse con aumento del 5 %, o a los trabajadores que tuvieron que ceder parte de sus salarios a cambio de no perder los empleos, en acuerdos entre empresarios y sindicatos homologados con trámite express. O a los que venían cobrando el IFE, y lo «discontinuaron».

En todo caso si hubiera una placa con esa nómina, debería decir: «Estos son los 9000 hijos de puta más grandes del país, que la levantaron con pala toda su vida y lo siguieron haciendo en plena pandemia, mientras los demás pasábamos penurias. Y quisimos cobrarles apenas una partecita de su fortuna, y armaron un quilombo bárbaro y trataron de impedirlo, por todos los medios y con todos los argumentos». Aunque pensándolo un poco, quedó un poco largo para placa: con cortar en «país» alcanza.

Si el presidente quiere hacer algo con el tema de la famosa «contribución extraordinaria por única vez», podría pedir que se trate en extraordinarias, si fuera necesario para completar su sanción. Porque recordemos que al principio de todo dijo que el impuesto era «un asunto del Congreso».

Y sobre todo y más importante, estar todo el  tiempo actuando con ciertos sectores como si pidiera perdón por haber ganado las elecciones, y permiso para gobernar. De ese modo solo consigue degradar la autoridad e investidura presidenciales ante gente que las considera propias de un «puesto menor»; y ése es un camino peligroso, que  nunca puede terminar bien. Tuits relacionados:

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