AGUANTE LA LEY SÁENZ PEÑA

 

 

Voto obligatorio, padrón general elaborado y depurado en cada elección por la justicia electoral, con período de tachas e impugnaciones. Nada de registros de electores que se abren en cada elección, manejados por los gobernadores de turno a su gusto y paladar.

Voto con boletas partidarias, y fiscalización en la mesa de autoridades designadas por la justicia electoral, y los partidos políticos que participan de la elección.

Cuarto oscuro sin maquinitas, voto electrónico ni cosas extrañas. Voto por correo solo en los casos taxativamente previstos, a ser contados al final, como todos.

Elección directa con el país como distrito único para la elección presidencial, y cada provincia como distrito único para la de senadores y diputados. Nada de colegios electorales.

Sistema proporcional D’Hont para la asignación de las bancas de Diputados, en relación directa con la cantidad de votos obtenidos por cada fuerza política.

Prohibición de difundir encuestas electorales, sondeos de opinión y bocas de urna desde ocho días antes de la elección, hasta tres horas después del cierre de los comicios.

Prohibición de efectuar avisos publicitarios de campaña más de 25 días antes de la elección, y luego solo se pueden hacer los que son emitidos gratuitamente, conforme a la distribución equitativa de espacios entre los partidos (mitad por partes iguales, mitad en proporción a los votos).

Escrutinio provisorio en las mesas receptoras de votos, con telegrama al correo, escrutinio definitivo en los juzgados federales y la Cámara Electoral Nacional para tratar las impugnaciones, decisión final del Congreso sobre la validez de la elección.

Faltaría que volvamos a prohibir los aportes empresariales a las campañas de los partidos políticos como era en la reforma aprobada durante el gobierno de Cristina y luego permitidos en el de Macri, y que el financiamiento de las campañas sea íntegramente estatal, y podríamos decir que si nuestro sistema electoral no es perfecto, está bastante cerca de serlo.

Y si nos ponemos exigentes, modificar la representación en cantidad de bancas de los distritos en la Cámara de Diputados de acuerdo con su población, modificando la vigente -que por ejemplo favorece a la CABA y perjudica a la provincia de Buenos Aires- aun cuando se mantenga el «piso mínimo» por provincia que estableció la Ley 22847 (más información en ésta entrada).  Ni hablar que hay que votar los domingos, y podemos discutir si antes o después del asado.

En todo caso, lo que es seguro es que al próximo que aparezca denunciando fraude al voleo y sin pruebas, o proponiendo reformas basado en lo que hacen «los países serios» se le da un sopapo con la mano abierta, para despabilarlo.

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