OTRA PORTEÑADA AL PEDO, Y PELIGROSA

En el último anuncio presidencial de la prórroga de la cuarentena que no existe, AF dijo que quedaban habilitadas en todo el país las «las reuniones sociales de hasta de 10 personas en espacios públicos o de acceso público al aire libre…», mientras continuaban suspendidas esas mismas reuniones en los domicilios de las personas, o en espacios cerrados.
La medida quedó plasmada en el artículo 26 del DNU 714, que textualmente señala: «Se autorizan las reuniones sociales de hasta de 10 personas en espacios públicos o de acceso público al aire libre, siempre que las personas mantengan entre ellas una distancia mínima de dos (2) metros, utilicen tapabocas y se dé estricto cumplimiento a los protocolos de actividades y a las recomendaciones e instrucciones de las autoridades sanitarias provinciales, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y nacional. No podrá utilizarse el servicio público de pasajeros de colectivos, trenes o subtes.«.
Apenas leímos al decreto, al menos acá desde el interior, pensamos: «esto es otra porteñada al pedo, para que los porteños calmen la ansiedad de juntarse y en lugar de hacerlo en una casa, lo hagan en las terrazas de los edificios». Porque la verdad es que la medida, mirada desde el punto de vista estrictamente epidemiológico o sanitario, no tenía mucho sentido: se estaba habilitando otro posible foco de contagios del virus, cuando los casos crecen a diario, en todo el país.
Y muy errados no estábamos: cuando ninguna autoridad provincial (al menos que haya trascendido públicamente) se haya apresurado a reglamentar este tipo de reuniones conforme las faculta el DNU, porque además tienen otras prioridades más urgentes que atender, aparece «Meseta» Larreta proponiendo un protocolo al efecto, según nos cuentan acá en Infectobae.
La propuesta es un completo delirio, y además el gobierno de Larreta no está en condiciones de garantizar que se cumplan los protocolos que estaría fijando para usar esos espacios comunes, a menos que mande un inspector a cada consorcio o edificio de propiedad horizontal.
Sin embargo, sirve como pintura de costumbres del trasfondo cultural de la pandemia: mientras los profesionales de la salud advierten que los sistemas están a punto de colapsar y el personal está sobreexigido por la demanda de atención, el anabolizado intendente porteño (a.k.a. Jefe de Gobierno) juega a reglamentar el uso de quinchos, SUM, lavaderos, parrillas y canchas de tenis, para que la clase media que lo votó y seguirá votando pueda distenderse por un rato de los rigores a los que la somete la infectadura peronista; repasando los últimos actos «libertarios» del día, como ir a tomar un café.
Todo un fresco que nos muestra las prioridades de gestión de la «derecha moderna y democrática», en éste caso en la persona del «opositor racional con responsabilidades de gestión». Y otro ejemplo más -y van- de las consecuencias de la sobrerrepresentación del PJ porteño en el gabinete nacional.

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