Miércoles frío e inestable, zona céntrica de la capital de la provincia, precisamente en 4 de enero 2500, 2 operarios de la EPE, los que casi no pagan nada de luz ni de gas con privilegios tremendos que «pagamos todos» custodiados por agentes policiales, proceden a cortar el suministro de luz a usuarios. Justo estoy ahí, Los veo, de pronto baja una «abuela» propietaria o inquilina de la casa que se acaba de quedar sin luz, grita, llora…

Les ruega, la gente de a poco se agolpa, «cobro la mínima, no puedo pagar, miren cuánto me llegó ni aire tengo» argumenta ante la indiferencia inhumana de los nuevos vasallos cobradores de impuestos del medioevo.

«ya hice convenios pero no puedo pagar todo» insiste la mujer, pienso que se va a descompensar, me acerco me identifico y les pregunto ¿qué hacen?. Me responde en forma seca el custodio policial: «Atrás caballero», otra gente les grita, la cosa se pone fea, quiero hablarle a los empleados de la EPE, «solo cumplimos ordenes». Me hace acordar a otras épocas.

«Se la cortarías a tu mama o abuela» le pregunto. Silencio. Cumplir las ordenes y punto, sin mirar a quién ni que consecuencias esto puede traer.

La luz no debería ser un bien suntuoso, es un derecho humano fundamental. ¿Cómo se va abrigar esta noche una jubilada que laburo toda su vida? ¿que será de ella? No importa, es obediencia debida para esta nueva forma de tortura quitarte un servicio fundamental para vivir, como en otros tiempos

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