Cementerio Municipal: delincuentes rompieron los vidrios de un panteón y se llevaron de todo

Ocurrió durante la madrugada del miércoles. La ola de inseguridad llegó al interior del Cementerio Municipal.


Redacción Aire Digital

Desconocidos ingresaron al Cementerio Municipal este miércoles por la madrugada y robaron varios elementos del panteón “Nuestra Señora de Guadalupe”. Los santafesinos denuncian numerosos hechos delictivos dentro de la dependencia del municipio.

Los ladrones rompieron vidrios del panteón y por allí pudieron ingresar. Una vez dentro, se llevaron nueve sillas, un dispenser de agua y una máquina de cortar césped, entre otros elementos.

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La situación de inseguridad se siente en cada rincón del Cementerio, incluso a plena luz del día. El último sábado por la tarde, delincuentes arrastraron por el suelo a una mujer para sustraerle la cartera. Los hechos de inseguridad tienen lugar tras el recorte de adicionales a la policía y personal de seguridad que hizo la administración del municipio.

Ezequiel, el practicante atacado dentro del Cementerio

Hace tres meses, Ezequiel Peralta, “practicante” de la Guardia Institucional de Seguridad (GSI) del municipio hacía la última ronda por el Cementerio Municipal. Estaba oscuro -falta iluminación- y vio a una persona que se demoraba cerca del sector de la morgue y de los pabellones que se derrumbaron hace unos años.

“Me acerqué para decirle que el Cementerio estaba a punto de cerrar y que no era seguro quedarse”, le contó a Luis Mino, en el programa Ahora Vengo de Aire de Santa Fe. Pero dos jóvenes salieron de entre las tumbas y comenzaron a golpearlo. Sacaron una pistola y comenzaron a pedirle que les entregue el arma.

“Les expliqué que nosotros no llevamos pistolas, pero no me creyeron”, aseguró. La frase que siguió lo aterró: “Tirale, tirale, matalo, porque sino terminamos presos”, dijo uno de los tres delincuentes. Le pegaron en la pierna, debajo de la rodilla y también lo golpearon en el piso.

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Después se fueron corriendo a los tiros por el pasillo. Ezequiel escuchó más de diez balazos y lo único que pudo hacer, porque estaba tirado junto a las tumbas, fue taparse la cara con las manos. Pensaba en sus hijos y tenía miedo de que volvieran a ejecutarlo. Quedó tirado, en un charco de agua, durante 15 minutos, hasta que lo ayudó la policía, que lo llevó al Hospital Cullen, y sus compañeros.

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