¿ESTÁ TODO BIEN, O ESTÁ TODO MAL?

¿En qué momento nos descuidamos y quedamos atrapados en la encerrona de elegir entre devaluación o ajuste?: https://t.co/WDPLd5vhE4

Advertencia: este no es un post sobre economía, sino sobre política.  Ayer nomás decíamos acá que la derecha enfrenta (acá y en todos lados) el dilema de legitimarse por vía electoral ejecutando políticas que atienden exclusivamente los intereses de los sectores más poderosos de la sociedad, que por definición son minoritarios.

El mismo dilema enfrentamos nosotros, aunque no seamos de derecha: en condiciones de democracia abierta, es necesario revalidar la legitimidad de origen con la de ejercicio, y para eso hay que juntar votos y ganar elecciones; cosa parala cual no suele haber nada mejor que ejecutar políticas públicas que mejoren las condiciones materiales y objetivas de existencia del mayor número posible de personas.

En ese contexto, en breve entraremos en período de efervescencia electoral (que no mermará aunque existiera consenso en suspender las PASO), de cara a unos comicios parlamentarios de medio término que definirán el contexto político en el que el gobierno de Alberto Fernández transitará la segunda parte de su mandato: si fortalecido por un triunfo, o con dificultades mayores porque los resultados no son los esperados.

La foto de hoy -es una percepción, no tenemos encuestas a la mano- es que el principal activo político del gobierno es la descomposición de la principal oposición, que ha cerrado su discurso y sus prácticas sobre el núcleo duro de sus votantes, mientras enfrenta una cada vez más indisimulable disputa por el liderazgo. No parece estar hoy -reiteramos: hoy- en condiciones de ofrecerse a la sociedad como una alternativa potable.

Pero decíamos también en la entrada anterior comentada que las derechas trabajan sobre las insatisfacciones sociales con un discurso anti-política, y vaya si hay espacio para ambas cosas en un país como el nuestro que viene de cuatro de cinco años (tres de los cuatro de Macri y éste, por la pandemia) con la economía cayendo y destruyendo a su paso actividad, empleos, salarios y consumo, Lograr que la economía se recupere y empiece a dar buenas noticias es entonces para el gobierno un imperativo de primer orden, por razones de estricta necesidad electoral y supervivencia política.

Y en ese sentido una visión optimista de la cosa podría enfatizar que hay renglones o rubros de la actividad que empiezan a reactivarse, que la recaudación hace dos meses que viene creciendo en términos reales y que el gobierno parece -recalcamos: parece- estar controlando la corrida cambiaria, lo cual no es un dato menor: una abrupta devaluación hoy no solo sepultaría toda posibilidad de recuperación de la economía, sino que generaría un ingrediente explosivo para la estabilidad del gobierno en sí.

Que para contener la corrida se haya debido apelar a medidas que en otros contextos no serían del agrado del «paladar negro» del voto propio (como emitir deuda atada al dólar para permitirles salir de sus tenencias en pesos a los fondos de inversión traídos por el macrismo y con capacidad de daño para presionar sobre el dólar), sería un tema menor si se viera que al mismo tiempo se analizan estrategias para recomponer ingresos; pero viendo la parte medio vacía del vaso, hay cosas que preocupan.

Como por ejemplo que horas después de que el Jefe de Gabinete dijera que en la Argentina no hay más lugar para el ajuste, su segunda, Cecilia Todesca, diga que es necesario aumentar las tarifas: el reportaje completo, con otras definiciones más interesantes, acá en La Nación. Porque si hay cosas (precios de la economía) que «tienen» que aumentar, podríamos pensar en varias que vienen antes, como los salarios o las jubilaciones; cuyo índice de movilidad sigue sin ver la luz.

Sobre los salarios, a lo ya dicho sobre el insuficiente aumento del Salario Mínimo Vital y Móvil, recomendamos leer todo esto de Magdalena Rúa en «El Cohete a la luna». Como se señala allí, los salarios llevan años perdiendo contra la inflación y mermando su poder adquisitivo, y de allí provienen el estancamiento y la recesión prolongada de la economía en su conjunto: está apagado o funcionando a bajo régimen de vueltas el principal motor de la demanda agregada, que explica por sí misma el 70 % del funcionamiento de la economía.

Si es verdad como se señala acá en la nota de La Política Online a la que corresponde el tuit de apertura, que el gobierno enfrenta el dilema de hierro de ceder a las presiones devaluatorias o frenarlas aceptando un mayor ajuste de las cuentas públicas (de allí la demora en la definición del índice de ajuste de las prestaciones previsionales, y la cuestión de las tarifas) en el marco del posible acuerdo con el FMI, estaremos en problemas.

Porque nadie desconoce que con una corrida cambiaria en curso, en medio de una pandemia y una prolongada recesión, debe procurarse una mínima estabilización de las variables macroeconómicas. Pero sin una estrategia de recomposición de ingresos de los sectores más vulnerables y de los que dependen en general de ingresos fijos y son los que empujan el consumo, la demanda y la actividad, el panorama a futuro se torna incierto, y no solo en términos estrictamente económicos: nadie (o casi nadie) vota pensando en el superávit fiscal, o el saneamiento de las cuentas públicas, De hecho, esa estrecha visión de los problemas principales del país cosechó el año pasado alrededor del 1 % de los votos.

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