CRÍA CUERVOS Y TE SACARÁN LOS OJOS

Los tuits de apertura corresponden a la noticia publicada por Ari Lijalad en ésta nota de El Destape, en la que da cuenta de la distribución de dividendos por 430 millones de dólares entre los accionistas de Telecom, consecuencia de haber ingresado al canje de deuda cerrado por el gobierno hace poco con los acreedores privados; en los que recibió bonos con los que ahora pagará los dividendos.

También da cuenta de que la operación es sospechosa porque la empresa (fusionada con Cablevisión) sostiene haber tenido pérdidas en su balance presentado ante la Comisión Nacional de Valores.

Como ven, en los tuits de apertura no figuran ninguno de esos elementos, lo cual denota la amplitud y ramificación de negocios que ha alcanzado el Grupo Clarín con el paso de los años, siempre al amparo de decisiones adoptadas por los diferentes gobiernos, por acción u omisión. Como diría Carlos Pagni, son «expertos en mercados regulados» los muchachos de Magnetto, claro que él lo decía de los «empresarios k».

Precisamente el CEO del grupo, junto con Paolo Rocca de Techint, llevan la voz cantante en la Asociación Empresaria Argentina (AEA), hoy por el sello más importante de nuestra élite económica, que nuclea a los principales grupos económicos del país. Y hoy por hoy también, los principales promotores de una devaluación, junto con el gran entramado de los agronegocios.

Una devaluación que, se ha dicho con razón, es el principal problema político (mucho más que económico) que tiene por delante el gobierno de Alberto Fernández y el «Frente de Todos». Por tal razón, del mismo modo que no se termina de comprender cabalmente las razones por las que el gobierno no cumple sus propias reglas (como el DNU 91/19) obligando a los exportadores a liquidar las divisas para disminuir las presiones sobre el tipo de cambio, tampoco se entiende por qué no toma ninguna medida que afecte los intereses de Clarín (más allá del DNU que congeló las tarifas de los servicios de cable e internet y los declaró servicios esenciales), manteniendo así intacta la capacidad de fuego de un enemigo que le dispara sus cañones todos los días, todo el tiempo.

No se trata de gente que esté perdiendo plata en estos momentos ni mucho menos, sino todo lo contrario. Y si bien defienden sus ganancias, lo que están disputando abiertamente es el poder, o la capacidad de influir sobre él, condicionando sus acciones. El poder político, se entiende: el económico lo tienen hace rato; y lo ejercen: el propio Grupo Techint (su socios en la AEA) vienen pagando la mitad de los sueldos y despidiendo a muchos trabajadores en sus empresas, sin recibir ningún tipo  de sanción del parte del Ministerio de Trabajo. Otra vez: no están solo reduciendo costos laborales: están haciendo más que nada ostentación obscena de poder.

Además de las atribuciones específicas con las que el Estado cuenta para hacer cumplir sus propias normas, en el caso de Clarín el grupo recibe pauta oficial (lo cual es una decisión discrecional), sus acciones cotizan en bolsa (lo que supone fiscalización estatal permanente de todos los actos sociales a través de la CNV y la IGJ), tiene pendiente de aprobación la fusión de Cablevisión y Telecom (con condiciones que debía cumplir y no hizo), y si se repusiera la plena vigencia de la ley de medios (algo que está a tiro de decreto, pues fue mutilada por DNU por Macri) declarada constitucional por la Corte, debería desinvertir y desguazar su imperio comunicacional.

Eso sin contar que también el gobierno es socio minoritario del hólding de Magnetto en Papel Prensa (28 % de las acciones) y en el propio «Grupo Clarín Dominio» (GCD) (9 %, a través del FGS de ANSES); con lo cual podría propiciar volver al texto original del artículo 20 de la Ley 26831 que regula los mercados de capitales, sancionado en el 2012 y luego modificado durante el macrismo a instancias de Clarín, para proteger los derechos de los accionistas minoritarios de maniobras fraudulentas de los controlantes, en su perjuicio.

Municiones para dar la pelea hay, de sobra. Lo que falta es la decisión de usarlas, aun sabiendo el riesgo que entraña criar cuervos: que te terminen sacando los ojos.

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