METAMOS UNA MANO

Se puede entender -entender, no justificar- que el gobierno no tome ninguna medida contra los que marcha contra la cuarentena que no existe, ni exija el cumplimiento de los protocolos establecidos para las actividades habilitadas, dejando que se escapen los contagios: se requiere un nivel de fortaleza política para ejercer la legítima coerción estatal para hacer cumplir las normas de la que el Estado en todos sus niveles (nación, provincia, municipios) hoy carece; así como tampoco existe un consenso interpartidario y entre los diferentes niveles para avanzar en esa dirección.

Habrá que cargar entonces con las consecuencias de haber dejado librada la evolución de la pandemia a la responsabilidad individual; a la que tantas veces se ha apelado en vano en estos meses, luego de haber fracasado antes en la apelación a la responsabilidad social. Una derrota cultural, con consecuencias funestas.

Menos comprensible (y justificable) es salir en auxilio financiero del desastroso gobierno radical de Mendoza, que hace semanas planteaba separarse de la Argentina, y alardea cada vez que puede de que desconocerá las medidas restrictivas contenidas en el DNU nacional, aunque la situación sanitaria de la provincia esté al borde del colapso. Como ejemplo para las demás administraciones, es pésimo: se les está indicando que la desobediencia altanera y caprichosa es el mejor camino para recibir ayuda. Ni hablemos del deterioro del concepto de la autoridad del Estado nacional.

Pero antes, durante y después de la pandemia, hay una agenda por fuera de ella, que nunca se termina de abordar: el listado de grandes fugadores de divisas durante el macrismo que elaboró el Banco Central parece haber sido hecho para una investigación del CONICET, y no se tradujo en insumo para ninguna política pública concreta. Los propios bancos -que proporcionaron la plataforma para la fuga masiva- se dieron el lujo de sabotear concienzudamente todos los planes de asistencia financiera del gobierno a los sectores productivos golpeados por la pandemia, y por eso hubo que pasar al ATP; sin que la rebelión les costara nada.

Como tampoco les costó nada a los empresarios como Paolo Rocca y el grupo Techint haber despedido trabajadores en contra del DNU que lo prohibía expresamente, o a las empresas de servicios públicos privatizados seguir mandando facturas con aumentos pese a que otro DNU congela las tarifas, y el presidente prometió ocuparse del asunto.

No hay más noticias de la revisión de los ñoquis VIP enquistados por el macrismo a lo largo y a lo ancho del Estado al despedirse del gobierno, y ya ni siquiera se le ocurre a nadie pedir que Macri o algún funcionario suyo vaya preso, porque bien sabemos que depende de una justicia que siguen controlando ellos; y cuya principal preocupación es defender sus privilegios.

El impuesto a las grandes fortunas tan criticado por tanta gente que no lo tendría que pagar (así como tantos criticaron la expropiación de Vicentín que no los afectaba, hasta lograr que el gobierno desistiera de ella) se ha transformado en un mito urbano, de cuya existencia misma no se puede tener certeza.

Formadores de precios (en especial en alimentos y rubros esenciales de la canasta familiar) siguen haciendo su agosto sin que la gran mayoría sepa quien está a cargo de la Secretaría de Comercio o si siquiera está cubierta, que suerte tuvo la promocionada ley de góndolas o que otra solución a la inflación de alimentos hay a la vista que no sea deprimir la demanda.

Pero la inacción más preocupante, es la que tiene que ver con la falta de articulación de medidas que recompongan los destrozos del macrismo, en términos distributivos: desde que se conocieron las preocupantes cifras de la pobreza y la indigencia en el primer semestre para acá, se sigue cavilando si pagar o no una cuarta cuota de los10.000 pesos del IFE o si la ayuda se extenderá más allá, el Salario Mínimo se ajustará por debajo de la inflación y en tres cuotas de acá a marzo, el promedio de las paritarias que cerraron está por debajo de la inflación después de cuatro años de retroceso del poder adquisitivo con el macrismo, y sigue pendiente de definición el mecanismo de ajuste de las jubilaciones y la AUH.

Cualquiera de esas cuestiones -elijan ustedes la que más les guste- tiene infinitamente más interés en términos no solo de construir una sociedad más justa e inclusiva, sino de proyección a futuro y supervivencia política del gobierno del «Frente de Todos», que Macri, sus disparates guionados, los eructos comunicacionales de los medios, o las marchas periódicas del psiquiátrico gorila. No nos distraigamos con la comparsa, y prestemos atención a lo que hacen los dueños del corso.

Con cada retroceso y cada vacilación, con cada tema urgente que no se aborda o se lo hace tarde, mal y como a desgano, se dejan jirones de la legitimidad ganada en las urnas. Y con cada insolencia de los poderosos que se tolera, se dejan nichos intactos de poderes alternos ensoberdecidos, y más decididos que antes a conspirar contra el gobierno: ahí sigue el intento de forzar una devaluación brutal, protagonizado por el bloque devaluatorio, que no liquida las exportaciones sin pagar consecuencias; y el pequeño sector social que tiene excedentes en pesos para volcar a los dólares bursátiles y el «blue», para generar más expectativas de una corrección abrupta del tipo de cambio, de previsibles consecuencias sociales nefastas.

Venimos cobrando (el gobierno, su base electoral, la gran mayoría de los argentinos) duro y parejo; y va siendo tiempo de meter alguna mano, antes del nocaut. Y que no sea un puñetazo en la mesa en un programa de televisión, queriendo dar muestras de reafirmar la autoridad. Todavía se está a tiempo; y no estaría mal tener algo concreto para festejar los 75 años de peronismo el 17 de octubre. Tuit relacionado:

Comentarios Facebook