ELIGE TU PROPIO PERÓN

Llega octubre, se viene el 17 y todos recalibran el peronómetro: arrancan los recordatorios tanto como las discusiones sobre Perón y el peronismo, territorio en disputa si los hay. A la elección de Daer que muestran los tuits de apertura (que es la misma que hizo en su momento De Narváez, ¿se acuerdan de él?) se le podría contestar que si es por elegir pudiendo hacerlo, se quedó con el Perón de Isabel y López Rega, en lugar del de Evita y Carrillo, pero la cosa es más compleja.

Aunque en los 70′ se hizo popular aquello de «Lanusse, marmota, Perón va a volver cuando se le canten las pelotas», lo cierto es que Perón volvió cuando pudo, y no cuando quiso. De hecho si es por querer, intentó el retorno en 1964 y lo frenaron. Y cuando volvió, como él mismo lo reconocía, estaba, viejo, enfermo y venía a morir: el odio gorila y su obsesión por borrarlo de nuestra historia creó las condiciones para que fuera así.

Elegir un Perón es toda una definición, que excede la anécdota de la plaza del 1 de mayo, los «imberbes y estúpidos» y la disputa interna de los 70, aunque casi se podría adivinar que de eso habla precisamente Daer. Y si hay que elegir, no es necesario hacer revisiones ni buscar revanchas; aunque algunos sigan anclados en las posiciones de entonces y tracen paralelismos para traerlos al presente.

Después del Perón que muere, a su legado histórico y político se sumaron -nada menos- la interna sangrienta dirimida a balazos para horror del propio pueblo peronista, la dictadura y la represión, la vuelta de la democracia y la pérdida del invicto electoral a manos de Alfonsín, la renovación, el menemismo, la crisis de la convertibilidad y el kirchnerismo; la salida inesperada de la crisis del 2001.

Es notable ver como muchos nostálgicos del «peronómetro» prefieren olvidar la obra del primer Perón, el de los años más felices, y quedarse con su liturgia, los sellos y el efecto simbólico que siguen teniendo sobre muchos argentinos. Acaso sea un argumento hábil para no salir perdiendo en la comparación; argumentos que cuando no alcanzan son sustituidos por la amplia gama de afirmaciones realpolitikeras sobre los diferentes contextos (que lo son, sin dudas) y la correlación de fuerzas; como si esta antes -en tiempos de Perón- hubiera sido siempre favorable a las fuerzas nacionales y populares.

Es así como suelen citar de memoria frases de Perón para todo, como los predicadores de esas sectas y cultos que van citando fragmentos de la Biblia que tienen marcados en el libro con cintas de distintos colores; olvidando o desconociendo que Perón fue Perón por lo que hizo: lo votaron, lo siguieron y lo esperaron por años por eso, no por haber escrito «Conducción Política».

La disputa política hoy en el país, después del kirchnerismo, el balotaje del 2015, el gobierno de Macri, la creación del FDT y el triunfo del año pasado, es frente al intento de recrear el 2002,algo que estaba en la mente de no pocos miembros de la coalición oficialista, pero que arrasta un problema de origen además de que las condiciones y el contexto son otros: coincide como dos gotas de agua con los objetivos de los más poderosos grupos económicos del país nucleados en la AEA, la real y principal oposición al gobierno; de la cual los medios hegemónicos, los jueces y la propia oposición con responsabilidades institucionales formales, son apenas instrumentos.

Si hasta Verbitsky -devenido desde diciembre exégeta del pensamiento presidencial- se da cuenta: «La iniciativa de reproducir aquella respuesta popular masiva, pero con avatares informáticos desde la sede de la CGT nace viciada, porque procura fortalecer al Presidente Alberto Fernández pero frente a la Vicepresidenta CFK y en apoyo de un entendimiento de la dirigencia sindical con los poderosos patrones nucleados en la Asociación Empresaria, como Paolo Rocca y Héctor Magnetto, que son quienes conspiran contra el gobierno elegido por el voto popular. Es la idea deforme de un 17 de octubre virtual, para blindar a Farrell contra Perón. Una fantasía impracticable, de un grupo de hombres malos pero tontos.«.

La recreación del 2002 (con su brutal transferencia de ingresos a favor de los grupos exportadores, y en contra de los que perciben ingresos fijos) no es posible hoy, porque pasaron el kirchnerismo primero (para bien), y el macrismo después (para mal); justamente los dos emergentes políticos de aquella crisis. Esa idea de la Moncloa devaluatoria no cierra la grieta política (porque no existe ya el bipartidismo PJ-UCR que la sustentó), y agranda la grieta social; porque sus consecuencias empobrecerían aun más a la inmensa mayoría de la sociedad y con ella, a la principal base electoral del «Frente de Todos», contra la consolidación de un núcleo duro de apoyos en busca del candidato que sea en el tercio antiperonista de la sociedad, donde prevalece un voto con fuertes componentes ideológicos.

La AEA no es la CGE de Gelbard, y no parece dispuesta a resignar nada para cerrar un pacto social, embarcada como está en gestar un golpe de mercado para que el gobierno se vaya, o que resulte indiferente si se queda, porque lo hace al precio de hacer todo lo que ellos quieren que haga. Quieren borrar, a como de lugar y en las pizarras de la city porteña que muestran la cotización del dólar, el resultado electoral del año pasado.

Las circunstancias de extrema polarización política de la sociedad argentina que presidieron la elección del año pasado se han agudizado desde entonces, y elegir al Perón del 74′ es -en el contexto- preferir al «león hervíboro» mientras del otro lado descreen de nuestras especulaciones sobre «halcones y palomas», y todos los días, en las redes sociales, en los medios, en las sesiones del Congreso y en cada marcha contra el gobierno, vuelven a derrocar a Lonardi para entronizar en su lugar a Rojas y Aramburu.

Esas mismas circunstancias han hecho fracasar las «terceras vías» cada vez que se ensayaron, y por eso hoy no podemos volver al Perón del 74′, porque no hay del otro lado un Balbín dispuesto al abrazo histórico. Por el contrario, los Balbines que nos rodean son más parecidos al del 46′ al 55′, y si fueran al velorio de Perón no sería para decir un responso elogioso, sino para acercarse al cajón a asegurarse de que esté bien muerto. Tuits relacionados:

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