Crisis financiera, siete sobres blancos y un disparo directo al corazón: las últimas horas de René Favaloro antes de su trágico final
El célebre médico argentino se quitó la vida el 29 de julio de 2000, a los 77 años. Considerado una eminencia internacional de la cardiología, el creador del “by-pass” terminó sus días atormentado por la situación económica de su fundación. Su muerte conmovió al país, donde se multiplicaron los homenajes y reconocimientos a un auténtico prócer de la medicina.
A la mañana, fue por última vez a su trabajo. Lo hizo temprano, como lo hacía todos los sábados, porque su tarea y la nobleza que lo caracterizaba no conocían de feriados o días libres. Dicen que se encerró en su despacho, mientras en la prestigiosa fundación que lleva su nombre se hacían distintas operaciones de riesgo. En el lugar que fundó se salvaba más de una vida mientras él, atormentado, atravesaba las últimas horas de la suya.

El célebre cardiocirujano René Favaloro, creador de la revolucionaria técnica del bypass coronario, es, todavía hoy, una de las figuras públicas más importantes de la Argentina.

Su decisión de quitarse la vida hace 18 años dejó perplejo a un país, que lo llora como a un verdadero ídolo popular, lo venera y hasta sigue recordando sus reflexiones, sus grandes declaraciones y hasta su postura sobre cuestiones referidas a la salud pública, como la despenalización del aborto.

Las últimas horas

El sábado 29 de julio de 2000 fue un día apacible, según relatan las crónicas periodísticas de la época.

Favaloro salió de su departamento de la calle Dardo Rocha, del elegante Barrio Parque porteño. Eran las 8 de la mañana cuando el encargado del edificio lo vio subir a su Peugeot 505 azul. En la semana se tomaba un taxi hasta el centro, pero esta vez decidió manejar hasta la avenida Belgrano al 1700, la sede central de la Fundación que lleva su nombre.
«Su ingreso fue solamente registrado por algunos agentes de seguridad. Ellos aseguran que el médico no habló con nadie; simplemente se encerró en su despacho, del que salió unas horas después», describió la revista Gente en su edición del 1º de agosto de 2000.

«Su expresión seguía siendo reconcentrada. Y de allí regresó a su casa. No hubo testigos de su llegada. Pero -según algunos vecinos- poco antes del mediodía, el 505 volvió a ocupar su lugar en la cochera», agregó.
Entonces, decidió cambiarse la ropa de calle por su piyama y unas pantuflas. Así recibió a Diana Truden, la mujer de 31 años con la que tenía planeado casarse a fines de agosto.

Con ella, que había sido su secretaria, habían comenzado una relación sentimental tiempo atrás, meses después de que falleciera la esposa de Favaloro, Antonia, en 1998.
Tras el almuerzo, la joven dejó el segundo piso del departamento de Dardo Rocha poco después de que sonara el timbre: su hermano Miguel pasaba a buscarla para ir a comprar una computadora.

Entonces Favaloro, en la soledad de su casa, tomó un baño -el último- y se afeitó.
«Exactamente a las 16.30, el propietario del tercer piso de ese mismo edificio estaba dormitando en su habitación. Una de sus hijas se duchaba en el baño que da precisamente sobre el de Favaloro, cuando escuchó un estampido amortiguado y seco, parecido ‘al de una lata’, como le diría a su padre», detalló Gente.

Una vez que terminó con su diligencia, Diana regresó junto a su hermano al departamento del prestigioso médico. Como Favaloro no respondía por el portero eléctrico, decidió usar su propia llave para ingresar.
«El portero le había avisado que algo raro había sucedido. Fue directo al baño. Entre los tres forzaron la puerta. Lo primero que vieron fue un charco de sangre», describió la revista Caras en su edición del 2 de agosto de 2000.

«El proyectil había entrado por su tetilla izquierda, le había perforado el corazón y salido por la espalda. En la pileta del baño, el caño de la pistola Magnum 357 aún estaba caliente», agregó el medio.

Desde ese momento todo fue conmoción. Los informes forenses posteriores dirían que el médico fue hallado «en posición decúbito dorsal», es decir que yacía inclinado de perfil.
Un vecino de Favaloro convocó a los policías que estaban de guardia en el barrio. Los mismos oficiales a los que durante las mañanas de frío el cardiocirujano les ofrecía café y medialunas para mitigar las largas horas de custodia.

La muerte de una personalidad tan trascendente no tardó en hacerse pública. Además de los sobrinos de Favaloro, que siguieron su legado y se dedicaron a la medicina, fueron hasta Barrio Parque peritos de una Unidad Criminalística Móvil y un juez de instrucción para investigar lo ocurrido.

Según informó la revista Caras, con el correr de las horas, «los vecinos, consternados, se agolpaban en la puerta del edificio entremezclados con cronistas, cámaras de televisión y fotógrafos».
«El cadáver, en tanto, seguía derrumbado de bruces sobre las baldosas del baño. Nadie lo tocaba (…). Sobre la mesita de noche estaba apoyado un libro que Favaloro no había terminado de leer; se trata de Las venas abiertas de América Latina», detalló Gente.

«Una cosa que llamó la atención de los investigadores fue el hecho de que Favaloro, antes de descerrajarse aquel disparo se había bañado y afeitado. Todo indica que se mató mirándose al espejo», describió la revista.

Arriba de una mesa del departamento los investigadores encontraron siete sobres blancos con cartas para sus allegados: una era para Diana, otras tenían los nombres de sus sobrinos, otra estaba destinada a sus amigos de la infancia, otra decía «a las autoridades competentes» y otra, donde le agradecía sus años de servicio, tenía como destinataria a Ramona, su empleada doméstica.

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