Manuel y su mujer decidieron juntarse desde jóvenes para escapar del infierno de sus respectivas familias, golpes, abusos, obligatoriedad de «trabajar» desde niños, y otros tipos de «excesos» que no me quieren detallar.

Tuvieron sólo dos hijos, «no queremos más, porque a duras penas podemos darle de comer a «Jony» y Sheila». Por eso, ella se ligó la trompas en el hospital público, el mismo lugar adónde él se hizo vasectomia, «Fue nuestra manera de declararnos el amor eterno».

Ël changarín, ella limpia casas, los chicos quedaban en los jardines maternales. Su precaria vivienda la construyeron con sus propias manos y están llenos de anécdotas. «Una vez terminamos la primera pared y nos abrazamos, al rato se vino abajo».

Piso de cemento. Chapas y cartones. Comedores escolares y comunitarios. Lo que cobran por AUH lo gastan integramente en sus peques. «Ellos tiene que tener una vida mejor que la nuestra, es por lo único porque que vivimos»

Llegó la cuarentena, y con ella la falta de trabajo. Igual siguieron saliendo pero esta vez de a uno a trabajar para que el otro se quede con los hijos, hasta que a él lo detuvieron cuándo cortaba el césped de un vecino a 4 km de su casa, por violar la cuarentena. ël iba en un patrullero mientras miraba cómo había gente corriendo para ejercitarse, otros haciendo cualquier cosa.

Eso los lleno de miedo. Pero sin comida, sin plata, no tuvieron más que volver a salir. «De día es mejor, pensamos» me confiesa María. Bicicleta y atrás una especia de pequeño montacarga improvisado.

«Salíamos a pedir, changuear, y sí nos dejaban yo limpiaba la vereda y ventanas de casa (a cambio de comida o lo que me dieran) mientras él (es tímido y no quiere hablar) sí podía seguía cortando el césped afuera».

«En eso, en la zona Norte de la ciudad, Av del Valle 7.500, una vecina nos observó, es cierto revisabamos una bolsa de basura para ver que podíamos rescatar, nos empezó a gritar que estabamos matando a nuestros hijos (ellos viajaban atrás en el montacarga) que además ibamos a contagiar a todo el barrio».

«Llamó a la policía, nos detuvieron a todos, terminé yo (María) en una comisaria, mi pareja en otra y a los chicos se los llevaron». «Nos pidieron el permiso único para circular, ni idea yo, menos tener una computadora ( se ríe ahora). Por eso no podemos ir a cobrar la asignación.

Al día de hoy tienen una causa judicial, «nosotros que jamás robamos nada», no pueden ver a sus hijos, no pueden salir de su casita, «Sobrevivimos de la poca yerba que tenemos, y lo que algunos vecinos nos alcanzan, no podemos salir hasta que nos den los resultados y aún así tampoco porque seríamos reincidentes, por ahora el ejercito no pasó por el barrio repartiendo nada, no tenemos lavandina, ni jabón, ni agua potable, mucho menos jabón»

Este editor fue testigo del hecho, la vecina en cuestión viola sistemáticamente la cuarentena, le pregunto por qué lo hizo: «Esos son los negros que exparsen el virus y cobran mucho más que yo de ayuda».

Todo por una bolsa de basura, y por una vecina BASURA.

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