El periodismo santafesino, en el que me incluyo obviamente, sigue cómo en el Día de la Marmota (esa maravillosa peli) congelado desde hace 25 años más o menos en su concepción. Toda regla tiene excepciones, claramente.

Sólo se aggiornó semánticamente: «El pescado podrido ahora es Fake Ñew, la operación es Law Fare y «matar a alguien es un carpetazo» Nada nuevo.

Es claro que los medios del circulo santafesino le han declarado la «guerra a la gestión Perotti» acostumbrados a pautas millonarias durante 12 años, por defensa de sus privilegios económicos o por su pertenencia de clase. Es decir por una cuestión ideológica.

Para ellos, toda herramienta es válida, más o menos perversa, mentir un poco más o menos, amenazar, intimidar, presionar, manipular y utilizar al forro de turno.

Ante eso, sí aquellos que adhieren ideologicamente con la gestión Perotti / Alberto Fernandez hacen lo mismo, en nombre de la defensa de lo nacional y popular, CAGAMOS.

Sería el «ojo por ojo» y la sociedad quedaría ciega en materia informática y periodística. Desinformar y mal informar sólo beneficia al poder.

Ni la constitución, ni la República ni la democracia permite, autoriza, alienta un «CUARTO PODER»

Lo mejor que podría fomentar el peronismo es un periodismo critico, sin premios y castigos de la pauta oficial, con la mayor amplitud y diversidad de voces. Sin comisarios políticos que le señalen a los periodistas quién «sale o no», a «quién se critica y a quién no». Obviamente siendo honesto desde la subjetividad desde que lugar uno mira la realidad.

El periodismo critico, una oposición constructiva enriquece a los gobiernos. Sino fíjate la actitud del mismo presidente con el tema del cobro en los bancos del viernes pasado o de la compra con sobreprecios de alimentos.

Un director periodístico que «pauta notas» para sus programas, no conduce, controla. Y eso se choca de narices con el periodismo libre.

Negar notas a opositores u opiniones criticas al gobierno de turno es una torpeza supina, propia de algunos políticos refugiados en los medios.

Así sólo se construye otro «periodismo de guerra» y todo termina cómo una batalla campal. El periodismo debe ser militante, de la verdad (según la mirada de uno) de la solidaridad, de la honestidad intelectual. así se desnuda el «otro periodismo». Eso es ser distinto. eso es volver mejores. Eso es estar con «la gente». Eso es «ser lideres».

Lo otro, es lo viejo, lo anacrónico, lo que hace que la gente se vuelque masivamente a las redes, desconfíe, rechace y repudie a los medios y los periodistas.

No hay superpoderes que justifiquen la genuflexión mediática. No soy ingenuo, se necesita una negociación en el buen sentido de la palabra con el poder político (gobierno de turno) sobre todo en Santa Fe, adónde gran parte de los gastos de los medios son cubiertos con la pauta oficial, demarcar límites y reglas de juego claras.

No quiero más que la producción periodística de los  programas o notas u opiniones se hagan de despachos oficiales, o del mediocre de turno que es más papista que el Papa.

Sino será más de lo mismo. La misma MIERDA con distinto olor pero MIERDA al fin.

 

 

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