Hablemos de que, aun cuando se concretara una reestructuración exitosa de la deuda, con quita de capital e intereses o reprogramación de vencimientos, hay que pagarla, y sigue más vigente que nunca la pregunta de Cristina: ¿quiénes la van a pagar?
Hablemos de que hasta acá hay sectores, como los bancos y las privatizadas, a los que insólitamente no se les está exigiendo un mayor esfuerzo contributivo para darle al Estado los recursos con que poder comprar los dólares que resulten necesarios para pagar la deuda.
Hablemos de que la política de «achatamiento previsional», aun cuando pueda mejorar los ingresos de los que cobran la mínima, ya tiene las primeras sentencias judiciales en contra, crea un frente de conflictos que ponen en riesgo todo el programa, y harán que muchos jubilados de ingresos para nada extraordinarios, pierdan poder adquisitivo frente a la inflación; pese a que en campaña dijimos que, entre los bancos y los jubilados, nos quedábamos con los jubilados.
Hablemos de que, mientras aun hay un 40 % de cargos por cubrir en la estructura del gobierno, todos los días aparecen nuevos ñoquis macristas atrincherados en sus sillones, negándose a renunciar, amenazando con reclamar en la justicia doble indemnización y cagándosenos de risa en la cara, sin que el gobierno haga nada por removerlos; como hizo Kicillof con Jorge Macri en el directorio del BAPRO.
Hablemos de la inflación que sigue alta y golpeando a los sectores de ingresos fijos como trabajadores, jubilados y beneficiarios de la AUH y las pensiones no contributivas, saboteando los esfuerzos del gobierno por desplegar la tarjeta alimentaria, y mantener planchado el dólar oficial con el «cepo», y congeladas las tarifas por 180 días.
Hablemos de que no se visualizan acciones concretas y contundentes contra las empresas formadoras de precios y las que gozan de posición dominante, ni más política de contención de la inflación que la implementación, parcial y a desgano, de «Precios Cuidados», cuyo cuidado y vigilancia se confía a los sindicatos, organizaciones sociales y jubilados, cuando es un deber indelegable del Estado.
Hablemos de que estamos anunciando que quizás aumentemos retenciones a la soja (quizás), y bajemos las del trigo, lo cual no hará más que aumentar los precios de la harina y sus derivados, como el pan; y si las medidas se anuncian antes sin cerrar el registro de exportadores, los grandes jugadores del mercado eludirán el aumento.
Hablemos de que, pese a controlar la Comisión Bicameral que debe anlizarlos, no hemos derogado ni uno solo de los decretos de necesidad y urgencia (DNU) dictados por Macri, así como tampoco concretamos la anunciada derogación de los decretos que reglamentan la ley de defensa y la Directiva de Defensa Nacional, modificando el rol de la  Fuerzas Armadas para adaptarlas a la teoría de «las nuevas amenazas», y permitirles participar en tareas de seguridad interior.
Hablemos de que los «detenidos arbitrarios» siguen detenidos (presos), sin esperar sus sentencias en libertad, por decisiones caprichosas de jueces que se niegan a revisarlas y permanecen en sus puestos porque no se ha iniciado en el Consejo de la Magistratura ningún procedimiento para removerlos, y porque la Corte Suprema sigue sentada sobre los expedientes de los que depende su liberación, sin que nadie haga nada para que eso cambie.
Hablemos de que, mientras las provincias tienen sus finanzas complicadas y la mayoría de ellas recibió la menor coparticipación en tres años por efecto de la crisis, aun no se ha dictado el anunciado decreto que le reduzca la coparticipación a la CABA, que Macri triplicó por decreto.
Hablemos de todas las cosas que haya que hablar (y hay muchas), si no quieren hablar de presos políticos. A menos que en realidad no quieran que hablemos.

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