ALGUIEN QUE LE EXPLIQUE

Que el año pasado hubo elecciones, él fue candidato y sacó el 6,15 % de los votos, terminando así con la superstición electoral que venía manteniéndose desde la anterior vez que se presentó, en el 2007, llegando a las friolera del 17 %.
Que en esas elecciones se eligió un gobierno en primer vuelta, con más del 48 %  de los votos, que tiene mandato hasta el 2023, y es el que tiene que llevar adelante el plan económico hasta entonces.
Que no puede vivir anclado en el tiempo en un eterno 2002 irrepetible, porque las circunstancias y el contexto cambiaron y en el medio pasaron cosas, como primero el kirchnerismo, y después el macrismo; uno para bien, y el otro para mal. Pero el país que quedó es distinto.
Que la idea de salir de la crisis con un «salto exportador» a través de un «tipo de cambio competitivo que proteja a la industria local sin trabas burocráticas» (o un dólar «recontra alto», en términos de Guido Di Tella) abaratando los salarios en dólares para que los productores de bienes transables a los que expresa (como Techint o Arcor) recuperen «competitividad» (o sea, aumenten tasa de ganancia), fue derrotadas en las urnas el año pasado.
Que la genialidad de reemplazar las indemnizaciones por despido por un fondo integrado por el trabajador con parte de su salario que rige para la UOCRA estaba en el corazón de la reforma laboral planteada por el macrismo en 2017 junto con la reforma previsional, y ni siquiera los gordos de la CGT la avalaron.
Que la idea de que el «nuevo empleo» debe ser flexible y precarizado para generar empleo es tan parecida a las ideas de Cavallo y Caro Figueroa en los 90′, que es igual, y cuando se aplicó no generó más empleo, sino menos.
Que la idea de generar «oferta» mediante estímulos al capital vía rebaja de impuestos, en especial los pocos progresivos como Ganancias, también la podrían compartir Espert o Milei, y a ellos les fue peor en términos electorales: uno sacó el 1 % y el otro ni siquiera se animó a ser candidato.
Que esa idea supone además, se diga o no, reducir no solo el tamaño del Estado, sino sus funciones. Eso y no otra cosa fue lo que ensayaron, a su turno, Martínez de Hoz, Cavallo y Macri, claro que sin ropaje «desarrollista».
Y de paso que alguien les explique a los paspados de la CGT, que no se pueden sorprender que este señor sostenga lo mismo que viene sosteniendo desde siempre, y que es lo mismo que sostienen los popes de la AEA (de los que, reiteramos, es vocero), con los que acaban de firmar un comunicado conjunto.
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