Se trata de lo que dijo la empleada del panadería Santa Catalina en 2013, que providencialmente zafó de las garras de su potencial violador y asesino por la llegada de un cliente.

Jorge Romero, el femicida de Gabriela Degiorgio, fue imputado este lunes por la autoría de homicidio calificado criminis causae y por mediar violencia de género, abuso sexual con acceso carnal y robo. 

07:46 hs – Miércoles 13 de Noviembre de 2019

Se trata del testimonio de la empleada de la sucursal de la panadería Santa Catalina en Saavedra y Monseñor Zazpe en barrio Sur de la ciudad, quien en primera persona relataba, cómo la llegada providencial de un cliente en julio de 2013 y su férrea resistencia a ser violada y asesinada, le permitió salvar su vida.

El agresor, Jorge Alberto Romero, de 22 años entonces, fue condenado a seis años de prisión. Cumplió la condena en julio de 2019, y el viernes violó y asesinó a la comerciante esperancina, Gabriela Degiorgio de 36 años.

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Testimonio

«Todo sucedió a las 14.30 del sábado 13 de julio de 2013, yo a las 15 cambiaba de turno, que era la hora del relevo en que llegaba mi compañera. A esa hora no había nadie en la calle. La sucursal de la panadería Santa Catalina estaba –ya que cerró un tiempo después del hecho–, en la esquina suroeste de Monseñor Zazpe y Saavedra, cuando entró este chico, que habló conmigo y me dijo que necesitaba trabajo, que él tenía hecho un curso de panadero y que hacía poco había sido papá, y recalcó su necesidad imperiosa de trabajar. Entonces, le dije que me deje sus datos, su número de teléfono de celular, y me dijo todo con característica de la ciudad de Rafaela».

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«Abruptamente, de un segundo para otro, me tapó la boca y me llevó a la parte de atrás del local comercial, me amenazó y empezó a toquetearme. Después me pegaba en la cabeza con el puño cerrado. Yo sangraba por la nariz y por la boca y no podía gritar. En un momento comenzó a asfixiarme. Yo le decía que me estaba matando y él me respondía que estaba enfermo, que se iba a entregar, que no me quería matar, y se tomó una bebida energizante que teníamos en el depósito. Quería meterme por la fuerza en el baño y ahí comencé a desesperarme porque me estaba ahorcando. No sé de dónde saqué fuerzas y mientras me tenía del cuello con una mano, con la otra me pegaba. Entonces, le pegué una piña y me quedó todo el anillo doblado».

«Justo en ese momento que fue el de mayor desesperación, entró un cliente a comprar y como no vio a nadie dentro del local comercial, aplaudió. Entonces él me dijo que no gritara, y comenzó a atarme con la remera de mi compañera y con mi chaleco. Me decía constantemente, no digas nada, no digas nada, no digas nada porque yo me voy a entregar, y esperá que yo me vaya para salir de acá. Después, agarró mi mochila, sacó la plata de mi billetera que eran unos 700 pesos y mis documentos. Yo le pedía que dejara el documento, que se llevara las tarjetas, pero que me devolviera el documento. Pero, lo hizo apropósito y al documento se lo llevó. Y después salió desde la parte de atrás del local, y yo escuché cuando estaba en el salón comercial, saludó al cliente como si el fuese un empleado de la panadería, al que le dijo: «Hola. Que tal. Buenas tardes». Después escuché la campanilla de la caja registradora cuando se abre, sacando el dinero y las llaves de la panadería, abrió la puerta y se escapó corriendo».

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«Ahí es cuando yo salgo desde la parte de atrás del negocio al frente del local comercial, y tenía la cara completamente ensangrentada, y me encuentro con el cliente, que se asustó y salió a la calle y comenzó a temblar. Después, llamó a la policía. En el mismo momento llegó una clienta que es vecina del barrio, que me vio y me dijo que ella vino porque se escucharon gritos desde su casa. Entonces, los dos clientes me preguntaron si yo lo conocía al agresor, le dije que no, pero inmediatamente recordé que anoté en un tique sus datos personales y su teléfono celular».

«Después cuando llegaron los policías, yo les conté todo lo que había pasado. Y les entregué el tique con los datos, y ellos llamaron varias veces, pero siempre la comunicación terminaba en el contestador. Hasta que finalmente atendió una mujer, que después de saber lo sucedido, dijo que se trataba de su hijo. Sabía que su hijo había viajado a Santa Fe a buscar trabajo, aunque ignoraba adónde podía encontrarlo».

Finalmente, días después lo detuvieron en Rafaela y en Santa Fe, lo juzgaron y condenaron a seis de prisión. Jorge Alberto Romero, ahora de 28 años, recuperó la libertad en el mes de julio de 2019. El viernes, viajó a Rafaela en un colectivo, bajó, fue al local comercial de Rivadavia al 1900 de la ciudad de Esperanza, adonde Gabriela Degiorgio de 36 años lo atendía. Golpeó a la mujer para vencer su resistencia, la violó, la asesinó, robó, y escapó. Finalmente se entregó antes de la medianoche en la Subcomisaría 17ª de barrio Brigadier López de la ciudad de Santa Fe. El lunes fue la audiencia imputativa, adonde Romero asumió su responsabilidad en el homicidio de la comerciante esperancina.

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